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Latino Ministry
Editor’s note: This new Spanish language column, Communion, is also available in English.
Comunión ¡Saludos y bienvenidos! Soy el Reverendo Simón Bautista, Misionero Latino de la Diócesis Episcopal de Washington y coordinador de COMUNIÓN, columna de espiritualidad para los miembros de nuestra Diocesis. En este mes comparte sus reflexiones con nosotros el Reverendo Allan Johnson, Rector de la iglesia de la Epifanía en Forestville, Maryland, y miembro del Comité diocesano para los Ministerios Latinos. . Jacques Audinet, en el prefacio del libro de Virgilio Elizondo, Galilean Journey, indica que, “no hay tal cosa como “una raza pura,” “una nación pura,” o un “estado puro.” Sin embargo, esta noción de la pureza todavía está viva, incluso dentro de la iglesia. Audinet continua diciendo que, “cada cultura humana moderna que existe es el resultado de una mezcla, es mestiza.” De tal modo, cada persona es un híbrido, un mestizo, y la aserción de la pureza es la creencia idólatra que reafirma que mi hibridez-mestizaje está al centro. La encarnación de Jesucristo nos dice que él no era solo humano ni solo divino; era ambas cosas a la vez y ninguna excluía a la otra. La encarnación de Jesús todavía está siendo discutida en la iglesia por personas que tienen una necesidad de crear límites bien definidos, y tratan de proteger la pureza de la divinidad de Cristo para que no sea corrompida por su humanidad. En la encarnación Jesús se hace el mestizo por excelencia y se preocupa por eliminar todos estos límites humanos que nos separan a los unos de los otros; llámense límites geográficos, biológicos, religiosos, lingüísticos o culturales. La iglesia cristiana comenzó como un híbrido. Su fundador, Jesús, era un mestizo. Jesús no absorbió las maneras de ser del griego, pero tampoco afirmó la pureza del Judaísmo. Lo que sí hizo fue ofrecer una tercera alternativa, una vía media, una forma de ser diferente, que promueve la creación de una nueva humanidad y de una nueva comunidad. El cristianismo creció y se amplió a través del mestizaje, el resultado era ocasionalmente una nueva creación. La iglesia católica es el resultado del mestizaje de la iglesia cristiana, la judía y la influencia romana. La iglesia Episcopal/Anglicana con su herencia anglosajona es un resultado híbrido. La naturaleza de la iglesia es mestiza. Es en este contexto del mestizaje que nos dirigimos a la presencia Latina en la iglesia Episcopal. Si nos suscribimos a la pureza de la iglesia, entonces la presencia Latina, con su religiosidad y expresiones Católicas (los Penitentes o Nazarenos, Promesas, Posadas, Pésamea Maria, Cruz de Mayo, Veneración de los Santos, y los altares), amenaza la pureza de la iglesia Episcopal. Si nos suscribimos a una visión de la iglesia, que desde su comienzo era mestiza, que creció y que se amplió a través del mestizaje, entonces la presencia Latina se ve como otra fase en la vida de la iglesia que esta en constante evolución. El mestizaje de Jesús invita a la iglesia Episcopal a cruzar fronteras étnicas, sociales, y lingüísticas; y a continuar lo que ha sido lo más original de su misión: superar barreras con el propósito de establecer comunión con todas las gentes. La visión de Juan en la isla de Patmos es la visión de una iglesia mestiza integrada por individuos de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas. (Apocalipsis 7:9) Reverendo Allan Johnson, Amenazado de Resurrección La frase poética “Amenazado de Resurrección” es de profundo significado. Leo el poema del mismo titulo todos los años durante cuaresma en preparación para celebrar las Pascuas de la Resurrección. La poeta y teóloga Julia Esquivel, exiliada guatemalteca, creó la frase por muchas razones, principalmente para describir su esperanza cristiana. Ella sufrió, junto con decenas de miles de sus compatriotas, las matanzas y represión de las dicataduras de su país. Y su respuesta era tener aún mas fe en el Dios de la Vida y el Amor. Enfrentó las amenazas diarias de las fuerzas malignas de poder en su país, con el poder de la resurrección de Jesús de Nazaret. Convirtió las amenazas designada a callarla, a intimidarla, a meterle miedo a todo un pueblo, en leña para el fuego de la esperanza, en llama del Espíritu Santo . Otro cristiano que ha podido enfrentar amenazas con fe en el poder de la resurrección es el teólogo jesuita Jon Sobrino. Sobrino nació en el País Vasco pero ha vivido la mayor parte de su vida en El Salvador . Es reconocido mundialmente por sus escritos bíblicos y su compromiso con los pobres. El perdió toda su familia adoptiva cuando sus hermanos y colegas jesuitas fueron asesinados en sus dormitorios de la Universidad Centroamericana por el ejercito Salvadoreño en noviembre de 1989. Él estaba afuera del país esa triste noche, recibiendo un premio internacional para los derechos humanos. Seis años después de esa tragedia, yo estudié con él en las mismas aulas donde habían enseñado sus amigos y también donde habían encontrado su muerte. Aprendí de él que la amenaza de la muerte y el miedo solo se puede vencer con la esperanza de la resurrección. La vida bendecida es la vida así entendida. Él enseña sobre el amor de Dios para la humanidad, incluyendo especialmente a los y las pobres. A veces ese mismo amor nos conmueve a poner en juego hasta la propia vida. Hoy el Vaticano quiere callar sus enseñanzas y su sabiduría, lo han amenazado con la resurrección. Las liturgias de la semana santa, especialmente la del domingo de la resurrección, nos llena e inspira nuestras almas , mentes y corazones. La verdad es que los ritmos y colores de las estaciones litúrgicas de la Iglesia no son sólo para lucir bonito y bueno. Son parte de un florido arco iris de esperanza que nos lleva hacia el reino de dios. Es la esperanza alentadora de la fe arraigada en la resurrección. Hoy día en la Diócesis de la Iglesia Episcopal de Washington, seguimos con la esperanza cristiana que nos lleva a compartir el amor transformador de Cristo y el poder de su resurrección. Hay muchas maneras, grandes y pequeñas, para hacerlo: abrir las puertas de nuestras iglesias a personas buscando lugar, desenmascarar la falta de voluntad para acoger a los inmigrantes, reafirmar nuestros votos bautismales, respetarnos mutuamente entre amigos y enemigos, amar a Dios por sobre todas las cosas y vivir amenazado de la resurrección. Aleluya!! Comunión Comunión. ¡Vaya nombre para una columna en español en nuestro periódico diocesano! Bueno, el asunto es que a partir de esta edición nosotros, los Latinos y Latinas que estamos haciendo vida de fe en una de las iglesias de la Diócesis Episcopal de Washington, vamos a contar con un pequeño espacio de reflexión. Eso es algo que a mí me llena de alegría y profunda satisfacción. El objetivo principal de esta columna es el de ofrecer pequeñas reflexiones que nos ayuden a nutrir nuestra vida espiritual, a fortalecer nuestro sentido de comunidad y a despertar conciencia de que nuestra presencia es real en esta iglesia que nos acepta y abre las puertas. ¿A caso no nos da un gran placer saber que estamos leyendo algo que ha sido escrito por nosotros y para nosotros? ¿Qué por qué tan breve? Porque “Lo bueno, si breve, dos veces bueno” decía Baltasar Gracián, un escritor español del siglo 17. Yo pienso que este es un gran proyecto, nosotros en general somos un gran proyecto, y es mejor llevarlo gradualmente. Entre tantos nombres posibles, ¿por qué COMUNIÓN? Pensemos un poco, ¿qué nos sugiere esta palabra? ¿Evangelio? ¿Eucaristía? ¿Comunidad? ¿Cristianismo? ¿Amor? ¿Acogida? ¿Solidaridad? ¿Servicio? La palabra implica todo esto y mucho más; nos envuelve a nosotros mismos en nuestra relación con el prójimo y con el Dios que en Jesús nos llama a formar parte del Pueblo Nuevo del Señor. Una de las tareas primordiales de la iglesia es recordarnos que el sentido profundo de nuestro ser cristianos reside en la comunión, que no somos células aisladas en cualquier esquina del universo, sino que estamos unificados por “Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todo, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo” (Efesios 4, 5-6). Sin comunión se nos hace difícil construir ese Reino de amor del que Jesús nos habla en su Evangelio cuyo presupuesto requiere de la unidad entre nosotros. Uno de los signos distintivos del cristiano es la comunión y consecuentemente la realización del mayor de los mandamientos: “que se amen los unos a los otros, al igual que yo les he amado” Deseo de todo corazón que cada una las reflexiones que iremos compartiendo al pasar del tiempo, cumplan el propósito de (1) acercarnos más al corazón de Cristo, (2) acercar nuestras comunidades entre sí y (3) acercarnos al corazón de esta diócesis y de la Iglesia en general. Padre Simón Bautista Betances,
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