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El Bautismo

Saludos mis hermanos y hermanas. Estoy escribiendo esta columna en el contexto de una estación de Pentecostés que se abre camino en diálogo fraterno con el verano. Ojalá que los estén disfrutando y que ambos les recarguen los niveles de energías, físicas y espirituales, para recorrer con entusiasmo la parte del sendero que tenemos por delante.

En esta oportunidad quiero hablar del bautismo desde un punto de vista práctico, no necesariamente teológico; de lo que significa para la Iglesia.

Hace poco me preparaba para celebrar la Eucaristía de las cinco de la tarde en la iglesia de San Albano, en D.C. Era domingo 23 de mayo, día de Pentecostés. Una ceremonia bautismal estaba prevista en el contexto de la celebración. Como de costumbre, después de revestirme, me asomé al altar para asegurarme que todo estuviera en su lugar. Conforme echaba una mirada a cada detalle, mis ojos se detuvieron en la fuente bautismal, entonces un pensamiento ingenuo atravesó como una flecha mi mente:”mira, me dije, ya está lista la cuna”. Sabía que no tenía mucho tiempo para entretener pensamientos como esos, de modo que me prometí a mi mismo que más adelante, cuando estuviera menos ocupado, le daría permiso a mi imaginación para jugar con la “cuna”. Permítanme compartirle mis reflexiones.

El bautismo en el contexto de la celebración eucarística es algo así como el nacimiento de un niño en la misma casa donde viven sus padres y sus hermanos. Con los vecinos (la comunidad), sentados alrededor de la sala y el patio esperando para felicitar a la familia tan pronto escuchen el llanto del recién nacido. Tal vez algunos de ustedes han tenido el privilegio de presenciar algo así, yo también he sido testigo. Es una experiencia única que le ofrece a uno la oportunidad de ver una familia crecer de la forma más pragmática: uno, dos, tres…Con brazos, ojos, piernas y voz.

Creo que todos nosotros entendemos y sabemos muy bien que los niños no nacen en una cuna. Pero la cuna se nos convierte en una de las mejores referencias que tenemos de la infancia: “Yo nací en esa cuna” “En la cuna que nací yo”. Hablar de cuna nos regresa momentáneamente a la niñez, al balbuceo de palabras, a la curiosidad por aprender y a la confianza en los brazos que se extienden  para sacarnos de ella.

La fuente bautismal que utilizamos en las ceremonias de bautizo, se nos convierte a todos los que somos testigos, la iglesia, en esa cuna de referencia que constantemente nos recuerda donde nacimos al Cristianismo. Nos transporta a la infancia de nuestra fe, al creer sin límites y sin condicionamientos.

¿Sería esto lo que pasaba por mi mente cuando me dije: “Mira, ya esta lista la cuna”?

Que Dios les bendiga a ustedes y a los suyos en todo lo que hagan y donde quiera que se encuentren.

Padre Simón Bautista
Canon for Latino Ministries

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