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Episcopal Diocese of Washington
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COMUNIÓN

By Simón Bautista

Más grande que cada uno de nosotros es el Cuerpo de Cristo

El cuerpo humano, aunque tiene muchos miembros, es uno; es decir: todos los miembros del cuerpo, no obstante su pluralidad, forman un solo cuerpo. Pues así también es Cristo. Porque hemos sido todos bautizados en un solo Espíritu, para no formar más que un cuerpo entre todos. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu. 1 Corintios 12: 12-13

 

La convención es siempre un buen lugar para recordarnos quiénes somos y por quién hacemos lo que hacemos. Es un buen lugar para renovar nuestra confianza y compromiso con Dios, con la iglesia y con cada uno; un lugar para reafirmar nuestra conciencia de que el cuero es más grande que cada una de sus partes, que la casa donde vivimos es siempre  más grande que nuestro dormitorio. También es una buena oportunidad para recordarnos que nuestro futuro depende de nuestra capacidad de unidad.

Hace muchos años, cuando todavía yo era un seminarista en la República Dominicana, tuve la oportunidad de viajar a Haití por un período de tres meses en un programa de inmersión en la cultura y la lengua haitiana. Me enviaron a la zona Central conocida como Plato Central,  a una pequeña comunidad campesina llamada Papay. Me hospedaba en el Centro Campesino Comunitario de Papay. 

Lo primero que me llamó a la atención a mí llegada al Centro Comunitario fue la gran cantidad de dibujos que había en las paredes. Casi todos tenían mensajes alusivos a la necesidad de unidad del Pueblo Haitiano.

 Entre los dibujos había  uno muy divertido: dos burritos amarrados con la misma cuerda; cada burrito estaba atado a uno de los dos extremos de la cuerda. Había dos paquetes de yerbas separados el uno del otro; la distancia entre los dos paquetes de yerbas era más grande que la extensión de la cuerda que ataba a los dos burritos. La pintura resaltaba el esfuerzo de cada burrito por llegar a comer de la yerba que le quedaba más cerca, pero ninguno de los dos dejaba que el otro comiera porque cada uno trataba de alcanzar un paquete diferente. A los dos burros se les veía muy flacos y anémicos, cualquiera diría que les quedaba poco tiempo de vida.

Al pie del dibujo de los dos burritos había una frase que decía: “Nou pa kapab viv si nou pa mete tet ansam”- No podemos sobrevivir si no nos unimos. Eso también es verdad  en el contexto de la iglesia, lo es para nosotros como diócesis y como cuerpo de Cristo reunido en asamblea en este día.

Las convenciones especiales para la elección de un nuevo Obispo son muy impredecibles, nadie sabe con exactitud lo que va a ocurrir, nadie sabe cuántas rondas de votaciones habrá o quién será el Obispo o la Obispa electa;  no si es un proceso que cumple con nuestros cánones y que es guiado por el Espíritu Santo.

De modo que no sabemos quién será nuestro siguiente Obispo, no sabemos si será una mujer o un hombre. Pero hay algunas cosas que podemos reclamar que sabemos. Sabemos que estamos aquí en el nombre de Dios, como el cuerpo de Cristo. También sabemos que no todos vamos a obtener los resultados que esperamos de estas elecciones, y que muchas oraciones no van a ser respondidas exactamente como las elaboramos, no  por lo menos en este día.

Pero hay algo que no podemos olvidar, que necesitamos recordar en cada momento de nuestra existencia: no podemos olvidar que nosotros somos el Cuerpo de Cristo, unidos a El por el Bautismo, en el Espíritu Santo y que nuestro futuro depende de cómo podamos caminar juntos en el nuevo sendero que Dios está abriendo hoy frente a nosotros.

 

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