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[Back to index of April 2008 articles] Comunión/Communion By The Rev. Simon Bautista Betances
Muchos de nosotros nos reunimos en nuestras respectivas comunidades de fe el sábado de gloria para proclamar con victores la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Encendimos nuestras luces de la luz mayor, el cirio Pascual, escuchamos el Pregón Pascual, entonado o recitado por el/la celebrante principal, prestamos atención a las lecturas y renovamos nuestras promesas bautismales. Estábamos en el contexto de la Vigilia Pascual, gritando a voz en cuello “¡Aleluya! El Señor ha resucitado. Pero, ¿qué significa para nosotros la resurrección de Jesús y cómo nos desafía y compromete en nuestra vida diaria? Reflexionemos un poco. La resurrección de Jesús rompe con todos los esquemas y pone en grandes aprietos no solo a las autoridades Judías de aquel tiempo, sino también a las Romanas. ¿Cómo evitar que se propague la noticia de que aquel a quien mataron como criminal, entre criminales, era ciertamente lo que decía ser: el Mesías, el Hijo de Dios, el Redentor? ¿Cómo detener la revolución que ese hecho traería al orden establecido? ¿Cómo detener a los seguidores del crucificado para quienes todo quedó claro y confirmado al ver la tumba vacía, Juan 20: 1-18 y al encontrarse con Él camino a Emaus, Lucas 24: 13-33, y en la orilla del lago de Tiberíades, Juan 21:1-13? Imagínense ustedes el caos político, religioso y social que este hecho asombroso habría de provocar en toda la región y en el imperio mismo. La resurrección de Jesús también supuso una profunda toma de conciencia por parte de los discípulos de que a partir de ese momento era su turno para entrar en la acción, de hacer el relevo y llevar la antorcha un poco más lejos, Mateo 28: 16-20; Juan 20:21; se había terminado el tiempo de entrenamiento puesto que llegó el momento de poner en práctica todo lo aprendido y de mantener vivo el proyecto del maestro. Los resultados nos indican que sí entendieron y asumieron, basta con hacer una lectura minuciosa del libro de los Hechos de los Apóstoles; tomemos por ejemplo el discurso de Pedro en el capítulo 2 versos del 14 al 40 y el resultado inmediato de sus palabras: “los que acogieron la palabra de Pedro se bautizaron, y aquel día se unieron a ellos unas tres mil personas” Hechos 2:41, pero también se desató una persecución espantosa contra todo aquel que declarara a Jesús como Señor, Hechos 4: 1-7; 8: 1 La resurrección de Jesús es un desafío para nosotros en nuestro tiempo y en la realidad que nos circunda, y al igual que Pedro y sus compañeros no pudieron, nosotros no nos podemos abstraer de las implicaciones de declararnos seguidores del Profeta de los caminos de Nazaret, de Jericó, de Galilea y de las otras ciudades que sintieron el impacto de su presencia y predicación de los valores del Reino de los cielos. Jesús resucitó, es verdad, pero su resurrección invita a todo aquel que la proclama a iluminar con ella todos los rincones de este mundo donde el dominio de la muerte se sigue manifestando, sea a nivel personal, familiar, institucional o social; de eso modo las palabras “¡Aleluya! Cristo ha resucitado. ¡Es verdad! El Señor ha resucitado”, que encontramos en la página 277 de nuestro Libro de Oración Común, pasan de ser una proclama de fe a una acción de fe, y eso, mis hermanos, hace un mundo de diferencia. Rev. Simón Bautista Betances
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