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Comunión

By The Rev. Simon Bautista Betances
Washington Window
Vol. 77, No. 2, February 2008

El sábado 19 de enero fue un gran día para nuestra Diócesis Episcopal de Washington: diez diáconos fueron ordenados sacerdotes; y también para nuestro ministerio latino: nuestro querido padre Vidal fue recibido como sacerdote dentro del ministerio de esta Iglesia.

Precisamente sobre un aspecto de este evento quiero compartir con ustedes mi reflexión de este número: El recibimiento del padre Vidal como sacerdote en la Unión Anglicana, que en los Estados Unidos y en algunos otros países, incluyendo países latinoamericanos,  conocemos más como la Iglesia Episcopal.

 ¿Por qué decimos que el padre Vidal Rivas fue recibido y no ordenado? ¿Querrá decir esto que su sacerdocio es de menor o mayor grado que el sacerdocio de los otros diez?
 El padre Vidal no fue ordenado el sábado sino recibido porque ya traía un sacerdocio que le había sido conferido por su obispo en su país natal de El Salvador; sí, antes de venir a nuestra Iglesia, él había ejercido el sacerdocio por un período de diez años dentro de la Iglesia Católica Romana. En ese sentido  nuestra Iglesia Episcopal pone de manifiesto su respeto por las iglesias históricas que han mantenido la línea de la sucesión apostólica, esto es que en el ministerio ordenado no han roto la cadena de sucesión que se simboliza por la imposición de las manos por parte del obispo en la cabeza de aquel a quien se le confieren las órdenes sagradas.

Del mismo modo que a los fieles que vienen a esta iglesia no se les pide que vuelvan a bautizarse o confirmarse si ya lo han hecho, de esa misma manera no se le pide al sacerdote volver a ser ordenado si ya lo ha sido por un obispo de una iglesia cuyo ministerio se reconoce estar en sucesión con los apóstoles.

De cualquier manera, el sábado pasado el padre Vidal recibió la  autoridad para ejercer el ministerio sacerdotal en plena capacidad y su grado, respondiendo a la segunda pregunta en el párrafo tres,  es el de todos los demás solo diferenciado por las funciones y posiciones a las que cada uno haya sido llamado.

El caso del padre Vidal es un verdadero ejemplo de perseverancia; es la expresión de que la llamada de Dios para servir a su pueblo trasciende los límites que hemos establecido nosotros los seres humanos y que no se agota tras los barrotes de las disciplinas ortodoxas que muchas veces les ponen bozal al Evangelio y límites al plan de salvación de Dios.

Concluyo expresando en voz alta un deseo que llevo muy profundo dentro de mí: ojalá que la voz de Dios llegue  al corazón de algunos de ustedes y de nuestros jóvenes invitándoles a considerar seriamente la llamada al sacerdocio porque como una vez exclamó Jesús: “La mies es mucha y los obreros pocos. Rueguen, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies”.  Mateo 9: 36-38

Que Dios les bendiga.

Padre Simón Bautista Betances
Misionero Latino Diocesano

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