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[Back to index of July 2008 articles] Comunión By The Rev. Simon Bautista Betances
¿Alguna vez les ha pasado a Ustedes que miran a una persona o grupo de personas, se dan cuenta que tiene/n problemas y se les despiertan grandes deseos de hacer algo para ayudar a remediarlos? Eso es exactamente lo que ocurre con Jesús en el texto evangélico que leímos el domingo 15 de junio. Con su permiso voy a transcribir parte de ese texto “Jesús recorría todas las ciudades y pueblos; enseñaba en sus sinagogas, proclamaba la Buena Nueva del Reino y curaba todas las dolencias y enfermedades. Al contemplar aquel gran gentío, Jesús sintió compasión, porque estaban decaídos y desanimados, como ovejas sin pastor. Y dijo a sus discípulos: "La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen, pues, al dueño de la cosecha que envíe trabajadores a recoger su cosecha." Jesús llamó a sus doce discípulos y les dio poder sobre los espíritus impuros para expulsarlos y para curar toda clase de enfermedades y dolencias. Estos son los nombres de los doce apóstoles: primero Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago, hijo de Zebedeo, y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el recaudador de impuestos; Santiago, el hijo de Alfeo, y Tadeo; Simón, el cananeo y Judas Iscariote, el que lo traicionaría. A estos Doce Jesús los envió a misionar” Mateo 9:35-10:8, (9-23). En la dinámica interna de este relato podemos descubrir que la llamada que hace Jesús al grupo de discípulos parte de un hallazgo que le provoca tristeza y compasión a la vez: se da cuenta que la gente ha sido abandonada a su suerte, que anda “como oveja sin pastor”. Tres son los movimientos que a simple vista se pueden percibir en las primeras líneas del texto: primero, Jesús Ve lo que está pasando, se percata de la realidad: el pueblo andaba decaído y desanimado; segundo, hace un Juicio: el pueblo no tiene quien se preocupe por él, sus líderes le han abandonado; tercero, comprende que no se puede quedar con los brazos cruzados y entonces sugiere Oración y Acción: pidan a Dios que envíe gente para hacer el trabajo del Reino, pero comiencen ustedes en lo que los otros llegan, entonces convoca a un grupo de personas y los envía a curar enfermos y a combatir los espíritus que obstaculizan el paso del Reino de Dios. ¿Y nosotros qué? ¿Qué hacemos con este evangelio? Yo diría que nada diferente de lo que hizo Jesús: que no seamos ciegos a la realidad que nos circunda, que abramos los ojos y veamos que hay mucha gente que sufre: hombres y mujeres que apuestan a la suerte cada día parándose en una esquina a la espera de una jornada de trabajo, cantidades enormes de gente que han perdido sus casas y trabajos, familias divididas por una jugada del destino confabulado con los agentes de inmigración, miles de seres humanos implorándole a Dios no enfermarse por carecer de seguro médico, numerosos hermanos y hermanas que hace años tienen que conformarse con solo hablar por teléfono o mirar las fotos de sus seres queridos porque no pueden entrar y salir libremente de este país, mientras otros tantos están de camino para meterse en el mismo laberinto, miles de jóvenes a los que el sistema les ha recortado las alas para que no puedan alcanzar la plenitud de sus sueños profesionales; que tratemos de entender la causa de tantos males, es decir, que hagamos nuestro propio juicio de esta realidad; por último, que hagamos plena conciencia de que nuestra participación en la solución de estos problemas es absolutamente necesaria. Por lo tanto, oremos para que el Señor nos envíe también a nosotros a trabajar en su cosecha. Que Dios les bendiga. Padre Simón Bautista Betances Editor’s note: This Spanish language column, Communion, is available in English at www.edow.org/ministries/latino.
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