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[Back to index of May 2008 articles] Comunión By The Rev. Simon Bautista Betances
En esta ocasión quiero compartir con ustedes parte de la homilía que elaboré para el domingo 6 de abril de este año 2008. El Evangelio era Lucas 24:13-35 y estábamos en el contexto de recordar el martirio, asesinato, de dos de los más grandes testigos del Evangelio de nuestra historia más reciente: Dr. Martin Luther King Jr. Y el Arzobispo Salvadoreño Oscar Arnulfo Romero. Les advierto a todos ustedes que, debido al espacio limitado de esta sección, he tenido que hacer algunos recortes y reajustes al contenido optando por dejar algunas interrogantes al aire para que ustedes me ayuden a darle respuesta. Y Jesús les dijo “¿De qué van discutiendo por el camino?” Uno de ellos, llamado Cleofás le contestó: “¿Cómo? ¿Eres tú el único peregrino en Jerusalén que no está enterado de lo que ha pasado aquí estos días?” “¿Qué pasó?”, les preguntó. “¡Todo el asunto de Jesús Nazareno!” Era un profeta poderoso en obras y palabras, reconocido por Dios y por todo el pueblo. Pero nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes renegaron de él, lo hicieron condenar a muerte y clavar en la cruz. Nosotros pensábamos que él sería el que debía libertar a Israel. Lucas 24:17-21 Hace 40 años la voz de un gran profeta de América y del mundo fue silenciada. Los oídos que se abrieron para escuchar el grito de los pobres y de los oprimidos de esta nación, fueron sellados; los pies que recorrieron los vecindarios de los malditos de esta sociedad se detuvieron; los ojos del águila que pudieron ver más allá de lo que ojos normales pudieran ver, fueron sellados con una cortina de muerte; su voz fue estrangulada con una mano de odio y de intolerancia. El hombre que una vez dijo estar cansado de protestar, de marchar y de ir a la cárcel, fue obligado a descansar. El profeta Martin Luther King fue asesinado y la esperanza de millones de seres humanos fue mortalmente herida con él. Sí mis hermanos, el Dr. Martin Luther alcanzó a ver las cosas como las vieron los grandes profetas de Israel, como las vio Jesús, él visualizó el Reino de los cielos en la forma de Justicia social y de la integración racial en los Estados Unidos; pero también vio que la guerra en Vietnam era un pecado y que la discriminación bajo cualquier pretexto: raza, sexo, lengua, economía, religión, statu legal, violaba los dos mandamientos más importantes que Dios nos dio a través de su hijo Jesús, “Amar a Dios y Amar al prójimo”. En el Evangelio de hoy Lucas nos pone en diálogo con dos seguidores de Jesús que caminaban de Jerusalén hacia Emaus, unas siete millas. Habían sido testigos de la muerte de Jesús y hablaban del hecho mientras avanzaban en el camino. ¿Cómo es posible que maten así a un profeta de Dios y que nuestros propios líderes lo entregaran para morir en la cruz? El texto Lucano nos dice que un extraño se les acerca y que ese extraño, Jesús, les ayuda a entender un poco mejor las cosas; a entender lo que decían los profetas acerca de él; que era parte de su misión venir a este mundo y dar su vida por todos: “¿No tenía que ser así y que el Mesías padeciera para entrar en su gloria? Y les interpretó lo que se decía de él en todas las Escrituras, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas.” Lucas 24:26-27 ¿Acaso son el sufrimiento y el martirio esenciales a la vacación y ministerio de un profeta? Si es así, ¿quién quiere ser un profeta, entonces? ¿Quién quiere pasar la mayor parte de su vida disgustado con las cosas que le rodean, denunciando errores humanos y anunciando castigos como consecuencia de esos errores? ¿Por qué ve el Profeta lo que otros no ven? ¿Por qué escucha lo que otros no escuchan? ¿Por qué siente lo que otros no sienten? ¿Por qué tiene que decir lo que otros no dicen, lo que otros callan por indiferencia, por miedo o por prudencia? Cerca de 12 años después del asesinato de Martin Luther King Jr., un 24 de marzo del 1980, hace ya 28 años, la voz de otro Profeta fue silenciada, esta vez en América Central, en el pequeño país de El Salvador, donde un pequeño grupo de familias poseían la mayor parte de las riquezas del país y el gobierno usaba sus fuerzas para proteger sus intereses egoístas. Cuando los cristianos, guiados por sus pastores, comenzaron a elevar su voz de protesta, entonces el gobierno comenzó a ordenar que los desaparecieran. En ese contexto la voz del Señor vino al arzobispo Oscar Arnulfo Romero y lo envió a pastorear a su pueblo. Estoy cansado, dijo una vez, de ir por las comunidades de mi pueblo, recogiendo muertos. Estaba tan cansado que comenzó pública y abiertamente a pedirles a los soldados de su país que no obedecieran las órdenes de matar que les estaban dando el gobierno y sus oficiales, “No usen sus armas para matar a sus propios hermanos”. El arzobispo Romero fue muy lejos esta vez, al poder de las tinieblas no le gusta ser confrontado, cuando eso ocurre, el poder de las tinieblas actúa con violencia. Una bala atravesó el corazón de Romero mientras celebraba una misa en la capilla de un pequeño hospital en El Salvador. Que error cometieron, se olvidaron que Él, el Arzobispo Romero, dijo una vez: “Que quede bien claro que a mí me podrán matar, pero la voz de la justicia nadie la puede callar ya.” También dijo, “si me matan voy a resucitar en el pueblo salvadoreño.” Y así ocurrió. 40 años después de la muerte del mártir, profeta y pastor Dr. Martin Luther King las cosas no parecen haber cambiado mucho: la segregación todavía se deja ver en los puestos y tipos de trabajos, en las universidades, escuelas y vecindarios de este país, así como en las cárceles de este país; la guerra de Vietnam ha sido substituida por la de Irak; el racismo y la discriminación han encontrado una nueva forma de expresión en el sentimiento anti-inmigrante que sigue creciendo en esta nación. Cuanta falta nos hace escuchar hoy la voz del que una vez dijera, “tenemos que seguirnos moviendo, y el que no pueda correr que camine, el que no pueda caminar que se arrastre, pero por todos los medios, que se siga moviendo. ¿Qué ha hecho América con el sueño que Él soñó? 28 años han pasado desde que el Profeta y Mártir Romero dio su vida por la justicia y democracia en el Salvador; todavía hoy nos preguntamos si hay democracia en su pueblo; todavía hoy miles de Salvadoreños, niños y adultos, se van a la cama sin haber comido nada a largo del día, las cárceles están llenas de jóvenes a quienes la sociedad llama delincuentes y cientos tratan de entrar ilegalmente a los Estados Unidos en busca de una forma de proveerse y de proveer a los suyos tres comidas al día. ¿Qué hemos hecho los cristianos de América Latina con la voz profética del Obispo Romero? [Back to index of May 2008 articles]
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