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Comunión

By The Rev. Simon Bautista Betances
Washington Window
Vol. 78, No. 4, May/June 2009

La reflexión de este número la voy a dedicar a compartir con ustedes algunos pensamientos acerca de lo que significa el evento de Pentecostés.

Con el día de Pentecostés, cincuenta días después de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo,  se inicia una Estación Litúrgica, la de Pentecostés; es una estación preciosa, llena de colorido espiritual y pasajes bíblicos que nos ponen en contacto con las raíces de este cuerpo al que llamamos Iglesia.

En muchas de nuestras comunidades eclesiales donde la feligresía habla más de una lengua, hasta se esfuerzan por simbolizar lo que ocurrió en el día de Pentecostés acomodando en la liturgia los distintos idiomas de las personas que constituyen la asamblea. Algunas iglesias hasta tienen una vara larga en la cual ya tienen, en uno de sus extremos,  una figura en forma de paloma a la que un monaguillo mueve de un lado al otro conforme se hace la procesión de salida y de entrada.

Lucas, el autor del libro de los Hechos de los Apóstoles, nos narra lo siguiente: “Todos los discípulos estaban reunidos en el mismo lugar. De repente vino del cielo un ruido, como el de una violenta ráfaga de viento que llenó toda la casa donde estaban, y aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y fueron posándose sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía que se expresaran”. Hechos 2:1-4 (Biblia Latinoamericana).

Acto seguido, nos encontramos al Apóstol Pedro dirigiéndose a los que estaban allí presentes  proclamando a Jesús como Hijo de Dios. ¿De dónde le habrá salido tanta sabiduría? Yo diría que en ese momento no hablaba con plena conciencia de lo que decía sino que el Espíritu Santo se expresaba a través de sus labios. a los. La figura del Espíritu Santo en forma de fuego posándose sobre cada uno de los apóstoles, es una imagen atractiva y sugerente a la vez. Posiblemente el apóstol Pablo, en 1 Corintios 12:3-13,  trata de ayudarnos a entender eso de las llamas de fuego cuando nos habla de los dones del Espíritu y como se esparcen entre los miembros del cuerpo, o mejor dicho de la Iglesia. Yo les invito a que vuelvan a leer, de modo sereno y pausado, ese texto de Pablo.

Pero, ¿qué significa en la experiencia de la Iglesia Primitiva la llegada del Espíritu Santo? Significa el cumplimiento de una promesa hecha por el Maestro y, conjuntamente con eso, una llamada a la acción; significa el fin de la espera pacifica y el comienzo de un turbulento proceso de predicación, testimonio y anuncio que muchas veces clamó el martirio como máxima prueba de amor por el Reino de Dios.

¿Qué significa para nosotros? Yo digo que significa un remonte a los inicios del Cristianismo, un reencuentro con los hombres y mujeres que, sin tanta formación y medios como los que tenemos hoy día, pudieron transformar todo un contexto; hombres y mujeres cuya sangre abonó el terreno donde hoy lucen erguidas miles de iglesias. También digo que significa el reclamo de concluir una obra iniciada por Jesucristo, que trataron de avanzar los santos y santas de la Iglesia primitiva y que dejaron a las generaciones futuras para llevar a su término, a nosotros.

Adelante pues, agarremos cada uno nuestra vara y recordémosle al mundo, la gran asamblea  de Dios, que el Espíritu Santo todavía se mueve y actúa entre nosotros.

Que Dios les bendiga.

Padre Simón Bautista Betances
Latino Missioner, Diocese of Washington

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