Episcopal Diocese of Washington

To draw people to Jesus and embody his love
for the world by equipping faith communities,
promoting spiritual growth, and striving for justice

Informe a la Convención 2020

January 25, 2020

Se acercaba el tiempo en que Jesús había de ser recibido arriba, así que resolvió con firmeza dirigirse a Jerusalén.
Lucas 9:51

En esta presentación quiero hablarles acerca de dónde hemos estado como diócesis y cuál será el foco de atención en el siguiente año, y en particular, lo que pueden esperar en los próximos 90 días. y en los 90 días después. 

Este es un punto de giro para nosotros ya que estamos oficialmente lanzando un plan estratégico diocesano. Yo quiero asegurarles que este plan no va a ocupar un espacio en nuestro sitio web de la diócesis quedándose en el olvido otra vez. Ninguno de nosotros puede permitirse que esto suceda. 

Hay tres palabras en particular que yo quisiera que ustedes recordaran: 

Revitalizar.
Inspirar.
Acompañar.  

Déjenme comenzar con un momento de la vida de Jesús que le habla a nuestro tiempo. Es uno de los momentos más importantes en su vida y el Evangelio de Lucas cuenta la historia, pero es muy fácil de olvidar o de leer rápidamente y no encontrar el significado de lo que sucedió.  

Hasta este momento, Jesús había estado ocupado enseñando, sanando, expulsando demonios y alimentando a las multitudes en las villas alrededor del Mar de Galilea. Entonces Jesús se toma un descanso y sube a una montaña con tres de sus discípulos. Jesús regularmente iba a la montaña a orar y a tomar otra perspectiva de las cosas. Este tiempo fue maravilloso: primero, él tuvo una conversación mística con sus ancestros Moisés y Elías. Después, una luz lo cubrió, lo cual hizo que cambiara su apariencia y la voz de Dios se hizo escuchar desde una nube: “¡Este es mi hijo, mi Escogido, escúchenlo!” 

Cuando Jesús bajó de la montaña, el torbellino de las necesidades humanas lo esperaba. Antes de poder tomar un respiro, Jesús ya estaba trabajando, haciendo todo lo que había estado haciendo antes. Pero algo era diferente., aunque es fácil no darse cuenta si no prestamos atención. Podemos ver que después de haber descendido de la montaña, Jesús sabía que él estaba en un tiempo diferente, su tiempo en la tierra era limitado, así que cambió de rumbo. En medio de todo lo que llamaba su atención y mientras continuaba su ministerio de enseñanza, sanación y formación de sus discípulos, Jesús cambió de rumbo y fue hacia Jerusalén.  

Cambiar de rumbo es la primera de las prácticas espirituales del Camino del Amor. Nosotros cambiar de rumbo de muchas maneras. Como seguidores suyos, cada día cambiamos de rumbo hacia Jesús y hacia nuestro prójimo. Debemos cambiar de rumbo, dejar atrás nuestros pecados y dirigirnos hacia lo que da vida. Y de tiempo en tiempo, somos llamados a cambiar de rumbo y a dirigirnos hacia una visión que creemos es la visión de Dios. Los momentos que Dios da de claridad no vienen cada día, pero cuando vienen, el llamado a cambiar de rumbo es claro. Y el tiempo es esencial. 

Amigos de la Diócesis de Washington, yo estoy aquí para decirles que nosotros tambièn estamos en un punto de giro. Es tiempo de cambiar de rumbo y de dirigirnos hacia un futuro deseado que hemos discernido colectivamente.  

Déjenme recordarles dónde hemos estado en los últimos 12 meses: 

En la Convención del año pasado lanzamos la fase de descubrimiento del proceso de  planificación estratégica y tomamos inspiración de la parábola de Jesús del sembrador que planta las semillas en todo tipo de tierra. Queríamos ser una buena tierra en la cual las semillas que Dios planta, llegan a dar frutos.  

Después tomamos un tiempo para hablar entre nosotros. Piensen en las 12 sesiones de descubrimiento como la montaña que subimos juntos. En medio de todo, nos detuvimos el tiempo suficiente para orar, para hablar francamente, para mirar hacia el horizonte. 

Alrededor de 500 personas de toda la diócesis se reunieron en conversaciones cara a cara. En esas ocasiones hablamos de lo que amamos de nuestras congregaciones y de lo que más valoramos al ser parte de esta diócesis. Hay muchas cosas buenas en nuestra iglesia, colectivamente y en cada una de nuestras comunidades de fe. Esta es nuestra casa espiritual, nuestra herencia, nuestra expresión particular del movimiento de amor de Jesús. Que nunca perdamos la vista de lo que esta iglesia significa para nosotros y para el mundo.

En esos encuentros ustedes fueron muy honestos sobre lo que no estaba funcionando, sobre lo que falta y sobre lo que no estaba claro. Esto es una muestra de lo que escuchamos. 

  • Tenemos problemas con nuestra identidad como cristianos episcopales. 
  • Las personas no saben quiénes somos. 
  • No tenemos un camino claro para el crecimiento espiritual. 
  • Estamos envejeciendo. 
  • Nuestros edificios y operaciones son costosas y los recursos escasean. 
  • Tenemos problemas para priorizar necesidades e intereses recurrentes. 

Estos no son problemas menores. Ellos no se van a resolver por sí mismos. Ellos son el motivo por el que tenemos que cambiar de rumbo. Y nuestro plan estratégico nos ayudará en este cambio. 

En las sesiones de descubrimiento, un equipo de liderazgo trabajó destilando, discerniendo y bocetando propuestas, buscando retroalimentación y comenzando otra vez - un proceso que duró todo el verano y el inicio del otoño. En octubre ellos presentaron el plan final en una reunión conjunta del Consejo Diocesano y del Comité Permanente. Ambos cuerpos aprobaron el plan por unanimidad. El Consejo Diocesano autorizó entonces la financiación de la implementación estratégica por cinco años. 

Quiero detenerme aquí para reconocer al Espíritu Santo y agradecerles. Nosotros no teníamos idea de a dónde nos llevaba este viaje, pero juntos subimos la montaña, hablamos desde el corazón y oramos por un camino de retorno. El Espíritu Santo bendijo nuestros esfuerzos. Como resultado, hemos clarificado nuestra misión y hemos presentado una visión para los próximos cinco años, hemos propuesto metas y hemos identificado los pasos necesarios para hacerlos realidad. Hoy cambiamos de rumbo y dirigimos nuestro rumbo hacia Jerusalén.  

Pueden encontrar el plan completo en sus manos. Hoy yo voy a presentar un resumen y nuestro foco de atención para el primer año. 

La Diócesis de Washington existe para atraer personas a Jesús y para encarnar su amor en el mundo

El foco de nuestra misión es Jesús y su amor. Las comunidades de fe existen para que las personas como nosotros podamos ser inspiradas y alimentadas en su mesa. Nuestra misión es enfocarnos en Él, no en nosotros mismos. Nosotros somos, junto con los seguidores de Jesús en todo lugar, el Cuerpo de Cristo. 

La forma en que vivimos nuestra misión como diócesis es (decimos juntos)

Formando comunidades de fe, 
promoviendo el crecimiento espiritual 
y luchando por la justicia.

Nuestra visión para los próximos cinco años es:

Ser una diócesis que hace uso de los dones del pueblo de Dios
para servir a Cristo juntos y para vivir el Camino del Amor de Jesús. 

Esta es una visión de colaboración, nacida de la convicción de que Dios ya ha dado todo lo que necesitamos para que nuestras congregaciones florezcan. Todo en lo que basamos nuestro fundamento es en nuestra relación con Cristo y con los otros. 

Ese fundamento es en lo que estamos invirtiendo ahora. 

Durante la adoración enfatizamos en una expresión de nuestra inversión en las relaciones con la comisión de los deanes regionales. Dirigidos por Andrew Walter, el Canónigo de Colaboración Estratégica y ayudado por el personal diocesano, los deanes regionales harán el trabajo necesario para reunir, conectar y crear puentes para que congregaciones vecinas lleguen a confiar mutuamente como amigas y a compartir  recursos para el ministerio. 

También hemos reorganizado todo el personal diocesano. Algunos de ustedes han expresado un poco de confusión sobre quién está haciendo qué o a quién debo llamar. Ahora que el trabajo de reorganización está hecho casi completamente, en Febrero les enviaremos una descripción clara del área de trabajo de cada uno y todos los recursos que están disponibles para ustedes. 

Las funciones de comunicación de la diócesis son responsabilidad de Keely Thrall, quien ha asumido esta función con su característica gracia y habilidad. 

Cheryl Wilburn es la persona de contacto cuando quien contactarme a mí o a Paula Clark, quien en su rol de Canóniga del Ordinario lidera el personal diocesano y nos mantiene alegres, conectados y enfocados. 

Don Crane es el Oficial de Operaciones y Consejero Legal. La lista de congregaciones con desafíos a las que él está guiando está creciendo diariamente. Ustedes saben quiénes son. Muy pronto algunas de estas responsabilidades serán transferidas a Andrew Walter ya que la posición de Don será a tiempo parcial. 

Michele Hagans continúa su vital trabajo como Canóniga de Iniciativas Especiales, lo cual significa esencialmente que ella puede hacer cosas que nadie más puede hacer. Por ejemplo, si te estás preguntando cómo pagamos por este fin de semana de avivamiento, la respuesta es que pudimos hacerlo porque Michele Hagans trabajó recaudando ese dinero. 

Hoy, lo que es importante que ustedes sepan, es que todo nuestro trabajo está conectado con las tres metas: 

Revitalizar nuestras iglesias para hacer crecer el movimiento de Jesús 
Inspirar a cada persona a crecer en la fe y formar a nuestros líderes para que lideren bien 
Acompañarnos en ministerios de servicio y justicia para lograr un impacto mayor 

Tenemos objetivos medibles bajo cada meta. Pero si intentamos hacer todo a la vez, enfrentamos el riesgo de no lograr nada. Así que para el primer año hemos escogido un objetivo de cada meta. Dividiremos cada objetivo en tareas más pequeñas que completaremos en ciclos de 90 días. Ya comenzamos este ritmo en junio con la meta de venir a la Convención no solo con un plan, sino con una estrategia de implementación. Hemos aprendido que esta disciplina de tareas especìficas terminadas en un tiempo específico ayudará a mantenernos en el camino.  

Aquí están los tres objetivos para el 2020 y nuestros primeros pasos de implementación. 

Bajo la meta de revitalizar nuestras iglesias, el objetivo de este año es

Realizar evaluaciones de la salud de la iglesia y estrategias de revitalización 

Paula Clark y Todd Thomas son los representantes del personal diocesano que liderarán el trabajo de revitalización enfocado en la misión. Don Crane, Andrew Walter y el equipo administrativo (Kathleen Hall, Peter Turner, Kelly Cooper and Kim Vaughn) proveerán la ayuda de personal, financiera, legal y sí, la ayuda en medio de las crisis, lo cual es fundamental para la salud congregacional. Esto implica que la revitalización congregacional es parte de las funciones de cada uno de los miembros del personal diocesano. A inicios de febrero un grupo de trabajo de clérigos y líderes laicos se reunirá para determinar la evaluación de la salud y las prácticas que se convertirán en nuestra estrategia de revitalización diocesana. Tomaremos ejemplos de las congregaciones más saludables en la diócesis y de las mejores prácticas en la Iglesia Episcopal y más allá. 

Algunas de nuestras congregaciones están adelantadas en este camino, y si formas parte de una de ellas, esta es tu oportunidad para compartir lo que sabes. Para quienes están teniendo dificultades, no hay soluciones rápidas para revertir años de declive o estancamiento continuo. Pero hay formas de continuar caminando hacia la salud espiritual y la renovación. Todas ellas requieren un cambio en el enfoque y en el comportamiento, lo cual no es fácil, pero tampoco imposible. Con Dios, todas las cosas son posibles y siempre ayuda cuando estamos claros por qué y para quién estamos haciendo los cambios.    

Aquí presento algunos ejemplos de lo que esas evaluaciones y estrategias podrán incluir. 

Una es mantener información de cuántos visitantes por primera vez llegan a la congregación en un año. Hemos aprendido que una cifra saludable a alcanzar es que el número de visitantes por primera vez en un año sea igual al promedio de asistencia los domingos. Por ejemplo, si tu promedio de asistencia es 100, entonces querrás haber recibido 100 visitantes por primera vez en el año.   

Lo que esto nos ayuda a evaluar es cuán bien estamos preparados para dar la bienvenida y mantener una relación con quienes nos visitan. Si estás cerca del promedio de asistencia, esto es un motivo de celebración. Si estás por debajo, entonces tienes lo que el grupo Unstuck llama una “Puerta Principal” débil. Eso significa que tus miembros no están inspirados en invitar a otros y que no está sucediendo mucho que atraiga la atención de quienes no pertenecen a tu congregación. Tú tendrás que identificar como parte de tu estrategia, las formas de aumentar el número de visitantes por primera vez. Eso puede tener el efecto de cambiar el enfoque hacia afuera y asegurarse que tu adoración sea edificante y significativa para los otros y no solo para ti. Tú podrás mantener información de tu esfuerzo y evaluar tu progreso.  

Otro indicio de salud--esta va màs a lo profundo--es la calidad de las relaciones y el sentido de propósito común entre el grupo de líderes de la congregación. La presentadora de la convención el año pasado, Nancy Beach, lo dijo de esta forma: “mientras más cerca estamos del liderazgo de la congregación, más espero encontrar una experiencia de amor y unidad de propósito.” Si tus líderes principales tienen relaciones saludables, este es un motivo de celebración. Si hay conflictos, confusión sobre el propósito común o confusión en el centro, tu estrategia de revitalización deberá incluir tratar este asunto. Si las relaciones primarias en una congregación están dañadas, esto afecta negativamente cada esfuerzo creativo que intentes. 

Otra evaluación debe ser una evaluación honesta sobre la profundidad y relevancia de las ofertas de ministerios. Cuando las personas visitan tu sitio web o la adoración dominical, ¿qué están encontrando? ¿Cuán obvia es la prioridad de crecimiento espiritual para ti y cuán claro es ese camino? Los calendarios mensuales de algunas de nuestras congregaciones están casi vacíos, mientras otras tienen tanto que es difícil discernir un camino espiritual entre tantas actividades en necesidad de voluntarios. 

El segundo objetivo de nuestro plan tiene que ver con la importancia del crecimiento espiritual y con la claridad de nuestro mensaje - más sobre esto en un minuto.  

Una evaluación final que veo cada domingo en mis visitas domicales es la atracción física de los espacios que habitamos. Yo sé que hay mucho de mantenimiento postergado contra el cual luchar, pero estoy convencida que podemos hacer de nuestras iglesias lugares más abiertos y atractivos con dos fines de semana de trabajo voluntario y un valor de $10,000 en implementos de limpieza, pintura y espacio para botar basura. Aquí está mi oferta: si ustedes proveen la mano de obra, una propuesta y un contenedor de basura, nosotros proveeremos el dinero.  

Nuestro primer plan de acción en los primeros 90 días es identificar las evaluaciones, prácticas y objetivos que serán nuestra estrategia de revitalización diocesana. Las compartiremos con todos y en el segundo bloque de 90 días estaremos buscando diez congregaciones que estén listas para enrolarse en su propio proceso estratégico.   

Bajo la segunda meta: Inspirar a cada persona a crecer en fe y formar a nuestros líderes para que lideren bien, nuestro primer objetivo es crear la Escuela de Fe y Liderazgo Cristiano.  

Hemos escuchado por toda la diócesis el deseo de una mayor profundidad y claridad espiritual, así como preocupaciones sobre la falta de recursos en algunas congregaciones y el sentido de actividad frenética en otros, así como la necesidad de líderes mejor formados.  

La buena noticia es que estamos bendecidos con expertos en educación tremendos. Tenemos maestros talentosos de todas las edades, líderes de retiros y guías espirituales. El objetivo aquí es crear una estructura flexible - presencial y en línea - para amplificar mejor sus dones y asegurarnos que todos tengan la oportunidad de crecer en fe y liderazgo. La colaboración de las congregaciones es fundamental aquí mientras aprendemos a compartir recursos y a ayudarnos unos a otros.  

Robert Phillips, Sue von Rautencranz, Sarabeth Goodwin y Mildred Reyes son los líderes del personal diocesano en este esfuerzo. Don Crane y Andrew Walter llevarán la información sobre el liderazgo de las parroquias, aunque, repito, todos estamos involucrados. En los primeros 90 días reuniremos a un grupo de educadores para que nos ayuden a imaginar qué forma tendrá esta escuela. Imaginen las posibilidades: retiros, viajes de misión, clases disponibles para las congregaciones, encuentros de pequeños grupos en los barrios, recursos disponibles en internet, sesiones conjuntas  de entrenamiento para guardianes y tesoreros y rectores novatos. Una vez que hayamos determinado amplitud de la escuela, en el segundo bloque de 90 días determinaremos los pasos que debemos tomar para crearla.

Esta es una gran tarea y estamos emocionados por ella. También sabemos que tomará algún tiempo y necesitaremos ayuda en su preparación y creación. Como Dios es un Dios de gracia, el año pasado la diócesis recibió una ofrenda generosa dedicada exclusivamente para educación, lo cual significa que tenemos los recursos disponibles para este trabajo.  

Finalmente, en cumplimiento con nuestra última meta de acompañarnos en ministerios de servicio y justicia, nuestro primer objetivo es identificar un ministerio de justicia primario en cada región en el cual colaborar para lograr un impacto social mayor. 

En las sesiones de descubrimiento muchos expresaron la creencia de que podemos lograr un bien mayor si trabajamos juntos. Y otros se lamentaron de no conocer lo que estaba sucediendo en sus congregaciones vecinas. 

En los primeros 90 días, Daryl Lobban tomará el liderazgo de este esfuerzo de acompañamiento en su nueva función como Misionero de Abogacía y Justicia, trabajando con los deanes regionales y los diáconos. Juntos ellos preguntarán a cada congregación lo que están haciendo en el ámbito del servicio comunitario y la justicia. Después ellos invitarán a líderes de servicio y justicia de cada región para reunirse. Aprenderemos mucho solo de estas conversaciones, y dada la pasión de algunos de nuestros miembros, yo espero que habrá mucha energía reunida. Por supuesto que también abriremos espacio al Espíritu Santo para que nos inspire con posibilidades que todavía no vemos.  

Al final del año veremos si emerge un ministerio en cada región en el cual podamos trabajar colectivamente, y si no en la región completa, quizás por congregaciones en una región. Por supuesto que hay asuntos de justicia que trascienden las fronteras regionales y esperamos que estos emerjan en nuestras conversaciones locales, así como surgieron en las sesiones de descubrimiento. 

Recuerden que el enfoque de nuestros esfuerzos por la justicia tienen que ver con la manera en que oramos como Jesús nos enseñó: que el Reino de dios se haga en la tierra y que podamos hacer nuestra parte para hacer realidad el sueño de Dios para cada persona en la familia humana y en la creación, que podamos unirnos a Jesús en su camino de amor sacrificial. 

Tienen ante ustedes el plan estratégico, nuestra visión del futuro deseado de Dios para nuestra iglesia. Estos esfuerzos serán nuestra atención en el próximo año. Nosotros

Revitalizaremos
Inspiraremos
Nos acompañaremos

Déjenme hablar ahora a título personal. Así como la ciencia nos dice que no tenemos todo el tiempo en el mundo para revertir el daño que le estamos haciendo a nuestro planeta - quizás en diez años - nosotros como iglesia tampoco tenemos todo el tiempo en el mundo para revertir tendencias de declive. Pero en diez años más o menos - con la ayuda de Dios y el consentimiento del pueblo - yo dejaré de ser su obispa y este trabajo es mi prioridad ahora. Es mi trabajo porque creo que nuestra iglesia, con nuestra visión lo que significa seguir a Jesús, es una joya invaluable en el amplio espectrum del Cristianismo. Yo creo que hemos lo que hemos recibido y lo que tenemos que ofrecer es muy necesitado en nuestro tiempo. Yo creo que, como Jesús dijo, somos como la levadura en el pan y como la luz en el oscuridad, y que somos llamados a servir a un propósito mayor que el que nos damos cuenta. 

Yo también creo que Dios ha llamado al Obispo Presidente Curry a su ministerio para este tiempo, pero si la Iglesia Episcopal no va más allá del show de Michael Curry, ¿qué dice esto de nosotros? ¿No nos ha llamado Dios a cada uno de nosotros también?

Como su obispa, yo me comprometo a cambiar de rumbo hacia Jesús cada día y los invito a hacer lo mismo. 

Yo me comprometo a seguir a Jesús y su Camino del Amor y les pido que hagan lo mismo. 

Yo me comprometo con la misión, la visión y las metas estratégicas que hemos discernido colectivamente y les pido que hagan lo mismo. 

Pueden hacernos responsables a mí y al personal diocesano de las metas que hemos propuesto, pero si el trabajo es solo de la obispa y de su equipo de trabajo, entonces fallaremos. Nosotros también los haremos responsables a ustedes. 

Cuando nos reunamos en la Convención del 2021, presentaremos un informe de nuestros esfuerzos, celebraremos nuestros éxitos y reflexionaremos sobre lo que hemos aprendido. 

Entonces nos reuniremos y decidiremos los objetivos para el próximo año. Y así continuaremos, con la ayuda de Dios, año tras año, hasta que logremos todo lo que Dios tiene por delante para nosotros. 

Yo confío que Dios, quien ha comenzado esta buena obra en nosotros, velará por su cumplimiento. Que Dios nos bendiga y nos guarde en el Camino. 

 

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