Episcopal Diocese of Washington

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Fe de la Resurrección en Tiempos Desafiantes: Momentos de Pascua

April 16, 2020

¿No nos ardía ya el corazón cuando conversábamos con él por el camino? 
Lucas 24:32

Supongo que una de las preguntas que les hicieron o se les hizo esta semana fue una versión de: “¿Cómo estuvo tu Pascua?" Ciertamente fue el caso para mí.

En años pasados, podríamos haber respondido con una descripción de nuestras celebraciones, ya sea en la iglesia o en familia. Este año, lo que yo escuché y a los demás reflexionar fueron los momentos en que la Pascua se sentía real.

Lo que motivó estos momentos variaba: escuchar una pieza de música, sentarse en el sofá con los miembros de la familia para ver un servicio de Pascua, levantándose temprano para ver el amanecer. Cualquiera que sea la inspiración externa, en ese momento sentimos algo: una conexión, una presencia, un breve levantamiento de las cargas que casi habíamos olvidado que llevábamos. No cambiaron nuestras circunstancias ni las de nuestro mundo. Pero sentimos un cambio en el interior, aunque sea ligero oh fugaz.

No puedo decir que todos los cristianos hayan tenido tal experiencia este año; ni son exclusivos de los cristianos. Pero si usted tuvo tal momento, espero que usted pueda confiar en él como el regalo que se suponía que iba a ser para usted. Es consistente con lo que los discípulos de Jesús experimentaron, según historias bíblicas a veces llamadas “las apariciones de resurrección”. Hay nueve historias de Jesús apareciendo a sus discípulos después de levantarse de entre los muertos, todas breves, misteriosas y tranquilizadoras.

Las apariciones de resurrección podrían llamarse con la misma facilidad de "momentos de resurrección". Porque en cada uno, hay un momento en que los discípulos se dan cuenta de  que la persona con la que están hablando en el camino, que les está cocinando el desayuno, que de repente ha aparecido entre ellos detrás de las puertas cerradas, es Jesús. En una aparición habla una palabra de paz. En otra, habla de esperanza. En otras, ofrece la tranquilidad del perdón y de su amor incondicional. Luego desaparece. Como para nosotros, nada en las circunstancias de los discípulos cambia después de cada momento, pero algo dentro de ellos cambia. Reciben su paz, su esperanza, su perdón y su amor.

Supongo que los discípulos podrían haber interpretado sus experiencias como un pensamiento ilusorio o delirios de dolor. Pero no lo hicieron, y con el tiempo su confianza en Su presencia permanente creció. "Yo estoy con ustedes hasta el fin de la era", dice Jesús al final del evangelio de Mateo. Y querían que personas como nosotros tuvieran algo de la misma experiencia, y conocieran el poder del amor y la presencia de Jesús. El Evangelio de Juan es claro al respecto: "Ahora Jesús hizo otros signos en presencia de sus discípulos, que no están escritos en este libro, pero estos están escritos para que puedan llegar a creer que Jesús es el Mesías, y creyendo que podrían tener vida en su nombre." (Juan 20:30-31)

Para los primeros discípulos y para nosotros, los momentos de resurrección vienen y van, y la vida se reanuda aparentemente sin cambios. Incluso los cristianos más experimentados pueden preguntarse si eran reales o qué diferencia hacen. Ahí es donde entra la fe, en el sentido de dónde depositamos nuestra confianza. ¿Nos atrevemos a confiar en esos momentos fugaces como para ser la guía principal de nuestras vidas?

La escritora cristiana Cynthia Bourgeault, citada esta semana por Richard Rohr, distingue entre dos tipos de esperanza: esperanza ligada al resultado, una sensación optimista de que las cosas mejorarán en el futuro, y lo que ella llama "esperanza mística" que parece tener una vida propia. La esperanza mística no está ligada a los resultados, escribe, sino a una sensación de presencia permanente. No somos la fuente de esa esperanza, pero se experimenta dentro de nosotros, y está destinada a sostenernos en tiempos difíciles.

La esperanza perdurable y mística es lo que Jesús nos da en una resurrección, para que podamos vivir desde su fuerza. "No es algo que cambiará tu vida en el corto alcance, en los externos", Richard Rohr. "Más bien, es algo que cambiará tu forma más íntima de ver. A partir de ahí, inevitablemente, los externos se reorganizarán".

Si la Escritura ha de ser confiada, tendremos más apariciones de resurrección, o momentos, en los días venideros - vislumbres de tranquilidad, dones de aliento y paz que sobrepasan el entendimiento humano - en medio de este tiempo desgarrador. La presencia y el poder de Jesús pueden moverse a través de puertas cerradas y tocar nuestros corazones ansiosos y dudosos. Nos invita a confiar en él, a creer en él y sacar fuerza de su presencia permanente. A medida que lo hacemos, más de esa esperanza mística dirige nuestra vida. Entonces podríamos llegar a ser --a través de una palabra, un gesto, o un acto de sacrificio de amor--portadores de un momento de resurrección para otros, una expresión de la misma presencia permanente que nos mantiene en marcha cuando más lo necesitamos.

 

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