Episcopal Diocese of Washington

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¿Cómo te ayuda ahora tu esperanza en Jesús?

May 14, 2020

Pues el mismo Dios que dijo: Resplandezca la luz desde el seno de las tinieblas es el que la ha hecho resplandecer en nuestros corazones, para que irradiemos la luz del conocimiento glorioso de Dios reflejado en el rostro de Cristo. Pero este tesoro lo guardamos en vasijas de barro para que conste que su extraordinario valor procede de Dios y no de nosotros. 
2 Corintios 4:6-7

Esta semana, Evangelism Connections (Conexiones de Evangelismo) me pedido que creara un vídeo de 2-3 minutos en respuesta a esta pregunta:

¿Cómo te ayuda tu esperanza en Jesús en medio de la crisis de COVID-19?

No es mi esperanza en Jesús lo que me está ayudando ahora; es Jesús mismo.

Esta prolongada crisis me está enseñando que la esperanza no es un acto de voluntad. Más bien me llega a través de pequeños dones de gracia que estoy, en ocasiones, bendecida de recibir. Los dones mismos varían--un poco de entendimiento, la amabilidad de un amigo, una palabra de la Escritura, suficiente claridad para tomar una decisión, un buen grito, el ejemplo inspirador de otro--pero lo que tienen en común es que vienen a mí, aparentemente de su propio acuerdo.

La experiencia de la gracia, cuando llega, es una afirmación de todo lo que me atrevo a creer acerca de la presencia permanente de Jesús y estoy llena de esperanza. Pero debo admitir que, cuando pasa el momento, a menudo me siento humillada por un sentimiento de vacío a su paso. Entonces debo decidir cómo vivir en la ausencia de la esperanza que una vez sentí.

El poeta Christian Wiman compara la experiencia de la gracia con la de la inspiración artística: “la memoria de es incendio momentáneo y el arte que se emite de ella puede ser un reproche a la vida sin sentido en la que te encuentras la mayor parte del tiempo”. (1) Creo que eso es lo que San Pablo estaba tratando de describir con su analogía de nuestras vidas como vasijas de barro. De vez en cuando, somos bendecidos de sostener e incluso compartir algo del extraordinario poder de Dios, pero echemos una mirada a nosotros y es dolorosamente obvio que el poder pertenece a Dios y no proviene de nosotros. Esta clásica visión espiritual resume mi experiencia de esperanza en Jesús. Dependo de ella todos los días, pero no puedo invocarla por orden. Lo que puedo hacer, y tratar de hacer cada día, es vivir a la luz de la gracia y el amor que he conocido, poniendo mi esperanza en Jesús, no importa lo que pueda o no sentir.

¿Cómo me ayuda ahora la esperanza en Jesús, en medio de la crisis del COVID-19?

La esperanza que Jesús me da ahora está sorprendentemente menos centrada en el futuro que yo. Paso la mayor parte de mi tiempo mirando hacia el horizonte, tratando de discernir la mejor manera de vivir y conducir hacia lo que está por delante. Pero cuando Jesús viene a mí ahora con esos pedazos de gracia que me dan esperanza, lo que experimento es una ligereza de espíritu y una suave reorientación de la energía hacia lo que está justo delante de mí. No puedo evitar preocuparme y anhelar lo que el mañana pueda traer, pero Jesús me invita a tomar las gracias del momento, hacer lo que hoy requiere y a poner mi esperanza en Él. Se siente un poco como maná en el desierto: suficiente para el día.

Esto, como puede suponer, no es como yo normalmente vivo mi vida. Pero tal vez eso sea algo bueno.

Así que en estos días del COVID-19, estoy aprendiendo a recibir con gratitud su esperanza cuando viene a mí, y vivo por su luz incluso en elvacío que sigue, tomando consuelo en el hecho de que soy una vasija de barro y él es el Salvador del Mundo. Él es la fuente de mi esperanza.

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(1) Christian Wiman, My Bright Abyss: Mediations of a Modern Believer (New York: Ferrar, Straus, & Giroux, 2013), p.4.


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