Episcopal Diocese of Washington

To draw people to Jesus and embody his love
for the world by equipping faith communities,
promoting spiritual growth, and striving for justice

Convocados para este momento

June 18, 2020

Entonces oí la voz del Señor, que decía: “¿A quién voy a enviar? ¿Quién será nuestro mensajero?”
Yo respondí: “Aquí estoy yo, envíame a mí.”
Isaías 6:8

Estando de pie antes de una reunión multirracial e interreligiosa en las afueras de la Iglesia San Juan, Lafayette Square el 14 de junio, el Obispo William Barber nos recordó nuestra historia. En el centro de todo movimiento social por una mayor libertad y justicia en este país, dijo, siempre han habido personas de todas las creencias y color de piel, de todos los orígenes y estatus social motivados por sus valores más profundos para defender y cambiar el mundo.

El movimiento para abolir la esclavitud estaba conformado de personas esclavizadas, afroamericanos libres, cuáqueros, evangélicos blancos, republicanos de Lincoln y abolicionistas radicales. Tanto los negros como los blancos formaban parte del movimiento antilinchador de finales del siglo XIX y principios del XX. Personas de todas las razas y religiones se unieron a Martin Luther King, Jr en 1965 para la Marcha de los Derechos Civiles en Selma. La lucha por la equidad y la inclusión de las personas LGBTQ ha involucrado a las personas heterosexuales. La lucha por la equidad y la inclusión para las personas con discapacidad físicas siempre ha incluido a las personas más capaces.

Así que, también, ahora vemos a la gente de amplio espectro hablando y estando juntos en busca de justicia. La muerte de George Floyd golpeó la sensibilidad colectiva. Su clamor expresó el dolor de tantos que no pueden respirar bajo el peso del racismo y de las evidentes inequidades en nuestra tierra. Ahora es una oportunidad para abordar las heridas y fisuras de larga data, y las manifestaciones actuales del pecado más profundo de nuestra nación.

Mientras hablaba el Obispo Barber, sentí el sentido familiar de ser convocada por Dios de hacerme presente y hacer mi parte. Hay tantas razones por las que me siento mal preparada e inadecuada para este momento. Pero cómo me siento no podría ser más irrelevante. La convocatoria - el llamado - es aparecer, a tomar mi lugar entre otros y a ofrecer mi ofrenda. Puedo hacerlo, y tú también.

No importa quiénes somos o de dónde venimos; no importa lo que sepamos o lo que tenemos que aprender; no importa lo que necesitemos asumir o dejar ir, hay un lugar para nosotros ahora, una ofrenda que podemos hacer para cambiar nuestra nación en una mejor.

Hay un sentido de urgencia no solo para hablar, sino para actuar. La realidad es que muchos en nuestra comunidad diocesana y más allá, han estado tomando acción durante años, en todos los ámbitos de la justicia. Otros entre nosotros están despertando a este momento particular con la sensación de que Dios nos está convocando a unirnos a una buena obra ya iniciada, o a profundizar en nuestros compromisos, personalmente y como iglesia. Si este es, en efecto, un momento de kairos, preñado de las posibilidades de Dios, todos queremos aparecer. No queremos perdernos este momento.

También estamos tomando tiempo para escucharnos mutuamente en oración, especialmente a nuestra creciente generación de líderes en la iglesia, mientras consideramos cómo es seguir el camino de amor de Jesús ahora. En toda la diócesis nos estamos presentando en nuestras comunidades, uniéndonos a la manifestación mucho más amplia del Espíritu que se mueve en nuestra tierra. Para el verano ya habíamos previsto una revisión y refundición de nuestro plan estratégico diocesano a la luz del COVID-19. Ahora ese trabajo incluirá un enfoque más claro en nuestro compromiso con la justicia, no como una prioridad entre tres, sino como un lente a través del cual todos nuestros esfuerzos serán medidos en el futuro.

Si te estás preguntando cómo y dónde estás siendo llamado, si te sientes convocado por Dios a este momento, ten la seguridad de que no estás solo. Todos nos preguntamos, oramos y escuchamos, y nos estamos mostrando lo mejor que podemos. La historia nos enseña que no habrá una sola respuesta, sino muchas; ni una sola manera de ser fiel; sino muchas. No somos las únicas voces que importan, pero nuestras voces sí importan, y se echan mucho de menos cuando estamos en silencio. La nuestra no es la única presencia que importa, pero nuestra presencia importa y somos extrañados cuando no nos presentamos de cualquier manera que podamos.  

Gracias por responder a este llamado y estar presente. Tengo el honor de estar con ustedes.

 

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