Episcopal Diocese of Washington

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Más que un sentimiento

August 30, 2020

Hemos creado una Guía para la Reflexión de un Sermón para ayudarte a profundizar en el sermón de la Obispa Mariann. Usa esta guía en tu reflexión personal o con un pequeño grupo. 

Nuestro amor debe ser sincero. No permitamos que nos venza el mal. Es mejor vencer al mal con el bien.
(Romanos 12:9-21)

En el nombre de Dios, nuestro Creador, Cristo y el Espíritu Santo. Amen.

Quisiera comenzar con una pregunta:

  • ¿Cuándo y cómo aprendiste por primera vez que el amor es más que un sentimiento? 

La misma palabra tiene varios sentidos. Usamos el término para describir nuestras preferencias por helado o música, nuestros sentimientos por quienes están cerca de nosotros, ya sean nuestros abuelos o nuestros enamorados, nuestras acciones y el impacto de nuestras acciones en otras personas. 

Una manera difícil de aprender que el amor es más que un sentimiento es cuando alguien te dice que te ama pero actúa en forma que no lo refleja. Esto le sucede a muchos de nosotros en algún momento de la vida. Otros aprenden que quienes nos aman no son perfectos, como tampoco nosotros somos perfectos en nuestro amor hacia ellos. En muchas de las relaciones amorosas, la brecha entre nuestras palabras y nuestros actos son una oportunidad para crecer en el amor. Es así que fortalecemos los músculos del perdón, la aceptación y nuestro deseo de ser mejores personas. Aprender a amar bien es un proceso que dura toda la vida, de prueba y error y de probar otra vez. También aprendemos que lo que no parece amor en un principio puede convertirse en el amor más grande que podemos tener por otra persona. Piensa en un padre o una madre diciéndole que no a un bebé que quiere jugar con fuego. 

Algunas veces, sin embargo, algunas personas dicen que nos aman, pero parece que no aprecian o se preocupan de la desconexión entre sus sentimientos de amor y lo que tú u otros reciben de ellos. Es como si su amor fuera una experiencia interior solo para ellos que no necesita traducirse en palabras o actos de amor. Cuando tenía alrededor de 12 años de edad, tuve una experiencia en que me dije a mí misma: “Eso no es amor. Si alguna vez tengo un hijo, yo nunca haré eso”. 

También recuerdo lo que sentí años después al reconocer que todos tenemos diferentes capacidades para amar, que algunas personas no son buenas en eso y no están interesadas en ser mejores. Esto me ayudó a perdonar y a buscar la mejor relación posible con personas en mi vida que no son particularmente buenas amando, mientras intentaba ser alguien cuyas acciones fueran amorosas para con otros. Yo muchas veces fracaso en el amor, como algunas personas cercanas a mí podrán decirte. Pero estoy dispuesta a aprender y a crecer. 

Déjenme decir ahora que quizás algunos de ustedes estarán pensando, dados los acontecimientos en nuestro país, que existe un paralelo entre nuestras definiciones de amor y de racismo. Como con el amor, muchos de nosotros que tenemos piel blanca comenzamos a entender el racismo que está enraizado en nuestros sentimientos. No nos gusta que nos digan que somos racistas, porque no tenemos sentimientos racistas, al menos ninguno que podamos reconocer conscientemente o que queramos admitir. Con seguridad nunca diríamos o haríamos algo que un racista evidente haría, como aquellos que sin pedir disculpas creen que las personas blancas son superiores a las personas negras o mestizas. Si tu definición de racismo permanece en el nivel de los sentimientos, pero a la par del amor, tu impacto será limitado.  

Hay otras definiciones de racismo que tienen que ver no solo con lo que sentimos, o con cómo tratamos a otros individuos de raza diferente, sino con cuán dispuestos estamos a aceptar y beneficiarnos de una sociedad organizada de tal forma que las personas de color sufren más que otro ser humano. Nos gusta decir que todas las vidas importan, porque en verdad es así. Pero como país, no actuamos como si las vidas de los negros y los metizos valieran igual que las vidas blancas. En verdad, no actuamos de esa manera. Las disparidades están en todas partes - en la salud, la educación, la vivienda, el accionar de la policía y en nuestras iglesias. Como escribió Ibram X. Kendi: Uno permite que se mantengan las inequidades raciales como racista, o confronta las equidades raciales como antiracista… La idea de una neutralidad “no racista” es una máscara para el racismo.” Como con el amor, importa menos cómo nos sentimos dentro, que cuánto nos comprometemos en nuestras vidas a cambiar esta sociedad racista. 

Volviendo atrás ahora a cómo podemos crecer en amor: una forma es cuando nos damos cuenta que estamos dispuestos a actuar en forma que otros experimentan como amorosas, incluso cuando estas nos cuesten. Como dijo Jesús, tenemos que hacer sacrificios que pueden causarnos sufrimientos. Es entonces cuando nos damos cuenta que el amor sacrificial es una elección. Cómo nos sentimos en un momento específico es irrelevante.  

La verdad es que ninguna relación amorosa puede sobrevivir si no estamos dispuestos a hacer sacrificios, a persistir en el amor, a perseverar en escoger el amor, incluso cuando los sentimientos de amor están ausentes. Afortunadamente, los sentimientos de amor crecen y menguan, y luego pueden retornar en una forma más profunda. Nuestra capacidad de amar se profundiza y crece, al punto de tener más amor para dar, lo cual es algo que extrañaremos si nos retiramos muy pronto. No quiero implicar que no debamos retirarnos - a veces nuestra capacidad de amar no es lo suficientemente grande como para incluir lo que el amor requiere. Y a veces por nuestro amor propio terminamos una relación no amorosa. Pero esas son tragedias de otro tipo.   

En estos tiempos de transición del verano al otoño, he estado haciendo un balance de mi vida en los últimos seis meses. Ha sido un ejercicio de humildad en todo momento, pero especialmente cuando tanto ha cambiado o se ha perdido, cuando yo y quienes me rodean han tenido que adaptarse a nuevas realidades y enfrentar verdades duras. Y porque hay personas en mi vida, como también las hay en las suyas, que buscan en mí guía y esperanza, me he estado preguntando a mí misma lo que esas personas han aprendido a través de mi ejemplo. ¿Qué estoy enseñando a través de mi vida sobre lo que es amar en tiempos de desafíos? 

Es suficiente decir que ha habido mucho duelo y confesión, y también mucho por lo que dar gracias. Estoy orgullosa de algunas cosas, de otras no tanto. Al ampliar el lente y considerar todo lo que está pasando en nuestro país, es claro que todo depende ahora de nuestra capacidad de amar, de escoger amar. Hay muchas cosas en juego cuando nos negamos a amar, o cuando cuando no podemos amar y el amor es necesario.  

Así que al dirigir mi mirada hacia el futuro, me encuentro a mí misma llamada a regresar a las prácticas y posturas centrales de una vida centrada en Jesús. No es que no he estado orando en los últimos seis meses - de alguna forma nunca he orado más fuertemente en mi vida. Pero los ritmos de mi vida y las prácticas que me sostienen se han visto afectadas en estos tiempos. Quizás esto también te ha sucedido a ti. Es comprensible y quizás, hasta necesario. Yo no sé mucho de ti, pero estoy lista para recomenzar y rededicarme.  

En nuestra Iglesia Episcopal, nuestro obispo presidente Michael Curry nos ha llamado a todos a considerar prácticas que nos ayudan a crecer en nuestras capacidades tanto para recibir el amor de Jesús como para luego vivir de tal forma que otros experimenten su amor a través de nosotros. Esas prácticas son llamadas, simple y apropiadamente, el Camino del Amor. Prácticas para una vida centrada en Jesús. No hay nada nuevo o espectacular en ellas; ellas expresan simplemente una forma de intencionalidad necesaria para el crecimiento. Porque en el amor, como en muchas otras áreas de la vida, no nos relacionamos con nuestras más altas aspiraciones según como nos sentimos un día. Hay sacrificio involucrado, disciplina y práctica. 

La verdad cruda es que si no crecemos en nuestra capacidad de amar, nos convertimos en parte del problema que vemos a nuestro alrededor. Dejamos de ser parte de la solución. La buena noticia es que con esfuerzo, todos podemos crecer. 

Que su amor sea genuino, escribe San Pablo en la introducción de una de sus más convincentes descripciones de lo que es el amor en acción. Si tienes una Biblia, busca el texto en el capítulo 12 de la carta a los romanos, escríbelo y cuélgalo en un lugar en que puedas verlo diariamente. Este no fue el primer intento de Pablo en describir tal amor. Él escribió un texto similar en su primera carta a los cristianos de Corinto. Con seguridad tú has escuchado este texto muchas veces, particularmente en bodas:   

Si yo hablara lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal resonante, o címbalo retumbante. Y si tuviera el don de profecía, y entendiera todos los misterios, y tuviera todo el conocimiento, y si tuviera toda la fe, de tal manera que trasladara los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiera todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y entregara mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve. El amor es paciente y bondadoso; no es envidioso ni jactancioso, no se envanece; no hace nada impropio; no es egoísta ni se irrita; no es rencoroso; no se alegra de la injusticia, sino que se une a la alegría de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor jamás dejará de existir. En cambio, las profecías se acabarán, las lenguas dejarán de hablarse, y el conocimiento llegará a su fin.
(1 Corintios 13:1-8)

El pasaje de Romanos es similar, aunque presenta temas diferentes. 

Nuestro amor debe ser sincero. 
Aborrezcamos lo malo y sigamos lo bueno. 
Amémonos unos a otros con amor fraternal; respetemos y mostremos deferencia hacia los demás. 
Si algo demanda diligencia, no seamos perezosos; sirvamos al Señor con espíritu ferviente. 
Gocémonos en la esperanza, soportemos el sufrimiento, seamos constantes en la oración. 
Ayudemos a los hermanos necesitados. Practiquemos la hospitalidad.
Bendigamos a los que nos persiguen; bendigamos y no maldigamos. 
Gocémonos con los que se gozan y lloremos con los que lloran. 
Vivamos como si fuéramos uno solo. 
No seamos altivos, sino juntémonos con los humildes. No debemos creernos más sabios que los demás. 
No paguemos a nadie mal por mal. Procuremos hacer lo bueno a los ojos de todo el mundo. 
Si es posible, y en cuanto dependa de nosotros, vivamos en paz con todos.
No busquemos vengarnos, amados míos. Mejor dejemos que actúe la ira de Dios, porque está escrito: «Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor.» 
Por lo tanto, si nuestro enemigo tiene hambre, démosle de comer; si tiene sed, démosle de beber. Si así lo hacemos, haremos que éste se avergüence de su conducta. 
No permitamos que nos venza el mal. Es mejor vencer al mal con el bien.
(Romanos 12:9-21)

Estas son palabras convincentes y disponibles a ser seguidas por cualquier persona, ya que el amor en acción es universal. Pero para aquellos de nosotros que decimos ser cristianos, estas palabras no son opcionales. El único mandamiento que Jesús le dejó a sus seguidores fue amar a otros así como Él nos ama. Es el único mandamiento, pero lleva la vida entera practicar y vivir de esta manera. No llegamos por casualidad a este tipo de amor - tenemos que quererlo, trabajar duro para lograrlo y estar dispuestos a fallar y a intentarlo otra vez.   

Aquí tienes entonces mi invitación y mi reto para ti cuando estamos en el cambio de la estación del verano al otoño. Revísate. Como dicen en la espiritualidad de los 12 pasos, haz un inventario moral de tu capacidad de amar ahora mismo.  

  • ¿Dónde amas bien? Asegúrate de celebrarlo. 
  • ¿Dónde estás fallando? 
  • ¿Cómo experimentan tu amor aquellos a los cuales tú le profesas amor? ¿Cómo lo sabes? 
  •  Y ¿cuán amplio es tu círculo de personas que amas? 

Una vez que hayas hecho este inventario, pregúntate; 

  • ¿Cómo puedo crecer en mi capacidad de amar y ofrecer amor? 

Si eres cristiano, querrás añadir a Jesús en la ecuación: 

  • ¿Cómo puedo aumentar mi conocimiento de Jesús y ser un canal de su amor por otros, de forma más profunda? 

Si estás pensando aceptar esta invitación, una cosa más. Mejor no hacer esto solo. No es que no puedas, es que es más difícil. Todos nos beneficiamos al ser parte de una comunidad en la que practicar el amor. Si en este tiempo del COVID te estás separando de tu comunidad de fe, ¿por qué no re-comprometerte o buscas otra que te ayude a crecer? Atrévete a ir profundo con alguien, con un grupo o en una práctica espiritual en esa comunidad,  

Una palabra para los líderes, particularmente en la Diócesis de Washington: nuestro trabajo más importante no es regresar a nuestros edificios, tan bueno como esto pueda ser. Nuestro trabajo más importante es, sin embargo, crear la mayor cantidad de oportunidades que podamos para que nuestra gente crezca en amor.  

Al terminar, déjenme preguntarles otra vez con más especificidad:

  • ¿Qué paso tomarás hoy, esta semana, este otoño para crecer en amor? 

Por tu propio bien y por el bien de quienes te rodean, les urjo a tomar ese paso. Tómalo para que conozcas más del amor de Dios hacia ti. Tómalo para que otros sepan de ese amor a través de ti. Tómalo para que juntos podamos vencer el mal de este mundo con el bien que fluye del amor. 


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