Episcopal Diocese of Washington

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Cristianos de Juan 3.16 y Mateo 25

November 19, 2020

Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, se sentará en su trono de gloria, y todas las naciones serán reunidas ante él. Entonces él apartará a los unos de los otros, como aparta el pastor a las ovejas de los cabritos.
Mateo 25:31-46

En mi experiencia, los cristianos tienden a gravitar hacia uno de los dos polos, y no me refiero a liberal o conservador, evangélico o progresista, demócrata o republicano. Más bien, algunos de nosotros somos lo que un amigo describió una vez como "Cristianos Juan 3.16", mientras que otros nos vemos más como "Cristianos Mateo 25."

Juan 3.16, quizás el pasaje más citado en el Nuevo Testamento, es una declaración sucinta:

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna.

Jesús está hablando estas palabras a Nicodemo, el fariseo que vino a Jesús por la noche. Jesús le dice a Nicodemo que nadie puede ver el Reino de Dios sin nacer "desde arriba", o "de agua y Espíritu". El foco de su intercambio es la importancia de creer en Jesús. Aquellos que creen en él disfrutarán de la vida eterna. En los versículos subsiguientes, Jesús declara que aquellos que no creen son condenados.

En contraste, Mateo 25:31-46 es una parábola del juicio final en la que la creencia no tiene ningún factor. El Hijo del Hombre vendrá, dice Jesús, y separará a la gente como el pastor separa a las ovejas de las cabras. Aquellos a quienes él dará la bienvenida al Reino de Dios, vivieron vidas de compasión y misericordia.

“Porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; fui forastero, y me recibieron; 36 estuve desnudo, y me cubrieron; estuve enfermo, y me visitaron; estuve en la cárcel, y vinieron a visitarme.” …”Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de estos hermanos míos más humildes, por mí mismo lo hicieron.”

Como en Juan 3.16, hay condenación en Mateo 25 para aquellos que no ofrecen compasión a otros. Serán rechazados al final de la era y enviados al castigo eterno.

La mayoría de los episcopales, aunque ciertamente no todos, gravitan hacia el extremo de Mateo 25 del espectro cristiano. En general, nos sentimos más cómodos centrándonos en las acciones que en la creencia. Hay mucho que elogiar acerca de nuestro enfoque en las acciones y nuestra disposición a ser responsables ante tan altos estándares de compasión. Sin embargo, puede haber un vacío en la fe que no se basa en una relación viva con Cristo, y una tendencia a juicios duros de aquellos que no ven la fe en Cristo como nosotros. Hay una dureza similar en el juicio entre algunos cristianos cuyo enfoque está en la creencia correcta. De hecho, nadie es más difícil para un tipo de cristianos que otros cristianos en el lado opuesto del continuo Juan 3.16--Mateo 25.

Esta semana he estado pensando en mi propio día de juicio, lo que me espera al otro lado de esta vida. Esto es lo que sé: si mi salvación eterna, lo que sea que eso signifique, depende de la pureza de mi creencia o de la profundidad de mi compasión, estoy perdida.

Cada vez que encuentro pasajes de la Escritura que dividen a las personas en dos grupos, me veo en ambos. Una parte de mí cree en Jesús con todo mi corazón. Otra parte se hace eco del clamor de un padre desesperado que vino a Jesús en busca de la curación para su hijo: "¡Dame fe!" Puedo identificar momentos en los que he ofrecido comida a los hambrientos, ropa a los desnudos, y cuando me preocupé por los enfermos y los que están en prisión. Pero sé muy bien que soy también esa persona que experimenta la indiferencia y la fatiga.

Así que soy una cristiana Juan 3.16 y una cristiana Mateo 25, confiando en Jesús más de lo que confío en mí misma. Por esa razón, no puedo juzgar a otros por su fe o falta de ella; por su compasión o falta de ella. En verdad, como pecador, a veces juzgo, pero luego recuerdo las palabras de Jesús: “¿por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no miras la viga que está en tu propio ojo?” (Mt. 7:3)

Pero lo que puedo hacer es instarles, como me insto a mí misma, a acercarse más a Cristo. Acércate a Él con fe, al inicio o al final de tu día, en la oración y en la reflexión sobre las Escrituras. Acércate más a Él amando a otras personas y, en particular, a los que necesitan misericordia y bondad. Algunos pueden estar en prisión, en el hospital o en un campo de refugiados. Pueden ser tu vecino de al lado o un miembro de tu familia.

Como cristianos no necesitamos sentirnos obligados a elegir entre la creencia y la misericordia, sino que más bien los vemos como parte del mismo llamado - conocer a Jesús y su amor por nosotros, y luego compartir ese amor lo mejor que podamos. Afortunadamente, podemos dejar el tema del juicio final en las manos de Dios.


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