Episcopal Diocese of Washington

To draw people to Jesus and embody his love
for the world by equipping faith communities,
promoting spiritual growth, and striving for justice

Bishop's Writings

Carta de apoyo parroquial

March 25, 2020

“Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en todos los problemas.” 
Salmo 46:1

Queridos líderes de las congregaciones de la Diócesis de Washington,

En medio de la pandemia que requiere fe, perseverancia y creatividad de parte de todos nosotros como líderes espirituales, quizás ustedes también estén experimentando incertidumbres sobre los retos financieros significativos para mantener su ministerio. Que Dios les dé sabiduría, fortaleza y valentía en este tiempo. Nosotros, los líderes diocesanos, reconocemos los retos que están ante ustedes. Estamos orando por ti diariamente mientras buscamos ofrecer ayuda y asistencia. 

Sabemos la prioridad que es el ministerio congregacional. Este es un momento y oportunidad únicos para tu ministerio mientras más personas se acercan a nuestras congregaciones en este tiempo de necesidad. Mientras ustedes evalúan su situaciòn financiera, por favor, tengan presente que nosotros no esperamos que sacrifiquen las necesidades de la parroquia por pagar la promesa financiera con la diócesis. Si están en condición de continuar con su ayuda, la recibiremos con gratitud, pero queremos que se enfoquen primero en su congregación. Nosotros estamos reduciendo agresivamente los niveles de gastos diocesanos ante esta crisis, mientras determinamos qué recursos podemos poner a su disposición.   

Ninguno de nosotros sabe cuánto durará esta crisis. En los próximos dos meses, nuestro enfoque es asegurar que todas las congregaciones tengan suficiente dinero para cubrir los salarios y pagar los premiums de los seguros médicos de su personal. En una reunión especial, el Consejo Diocesano aprobó un proceso para aplicar a asistencia financiera. Vean a continuación una carta de Andrew Walter y Don Crane describiendo este proceso. 

El Fondo de Pensiones de la Iglesia también ofreció asistencia para congregaciones con grandes dificultades financieras y que estén teniendo problemas para pagar los pagos de las pensiones de su clero. La aplicación para ese proceso, para el perdón de 2 meses de pago, se tramita contactando con la oficina diocesana. Por favor, contacta a Kathleen Hall para saber más sobre esta ayuda. 

Nos hemos dado cuenta que cada congregación está experimentando con seguridad una reducción significativa de sus ingresos, quizás más dramáticamente para aquellas iglesias que rentan espacios, lo cual ha disminuido drásticamente. Dado el número de congregaciones cuyos presupuestos están balanceados con la ayuda de ingresos por renta de espacios (en total más de 6.2 millones de dólares anualmente en toda la diócesis), no estamos en posición de proveer ayuda financiera para compensar esta pérdida. Estamos aquí, sin embargo, para ayudarlos en el trabajo necesario de evaluar el presupuesto y en definir prioridades, con la vista puesta en enfrentar esta crisis mientras se preserva la capacidad de nuestros ministerios. 

Mientras todavía no están claras las implicaciones para todos nuestros ministerios, sí estamos claros que la misión, la visión y las metas de nuestro plan estratégico diocesano proveen un sistema que ayuda a tomar decisiones en el contexto de los ministerios que ninguno de nosotros anticipó. También descansamos diariamente en las oraciones y el discernimiento colectivo mientras pedimos juntos a Dios por guía, por la presencia de Jesús entre nosotros y por la fortaleza del Espíritu Santo. Que Dios nos provea sabiduría y valentía para vivir este momento.  

Fiel en Cristo, 

Obispa Mariann

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A:  Líderes de las congregaciones

De: Andrew Walter, Canónigo de Colaboración Estratégica

Donald Crane, Jefe de Operaciones y Consejero Principal de la Obispa

Queridos amigos, 

Tal como la Obispa Mariann expresó en su carta, estamos aquí para proveer ayuda durante este tiempo de retos, con un enfoque inmediato en el impacto de la crisis en el corto plazo. Para ayudar a todas las congregaciones, nuestro equipo financiero ha desarrollado un programa de ayuda a nuestras congregaciones, en conjunto con el Comité Financiero, lo cual ha sido aprobado ya por el Consejo Diocesano:  

Evaluación financiera y toma de decisión de nuevas prioridades 
Todos los líderes de la parroquia son lo suficientemente sabios como para evaluar su situación financiera parroquial con la prioridad de garantizar la liquidez en el corto plazo. Nosotros estamos enfatizando aquí los siguientes pasos para los líderes de las iglesias: 

  • Examinar en el presupuesto los gastos planificados que no son esenciales y que pueden ser pospuestos o eliminados. 
  • Buscar vías para acceder a efectivo y liquidez - considerar si algún fondo de dotación (endowment) pueden estar disponibles, si están sujetos a restricciones o si necesitan liquidar inversiones en caso de condiciones de pérdidas específicas en el mercado. 
  • Animar a los feligreses que típicamente pagan sus promesas de ofrendas en un solo pago o al final del año a considerar si su situación les permite pagar sus ofrendas en su totalidad en este momento. 
  • Hacer planes para métodos alternativos para ofrendar (Linda Baily, del Comité de Recursos Financieros y Peter Turner ofrecerán un webinar este jueves, 26 de marzo a la 1:00 p.m., con el título Mayordomía y Ofrendas en tiempos de COVID-19. Puedes registrarte aquí

Ayuda financiera para empleados de la parroquia y contratistas regulares
El equipo diocesano y los líderes financieros han identificado cantidades limitadas de fondos para ser usadas como ayuda a las parroquias que necesitan ayuda financiera para pagar salarios y beneficios de salud para empleados de la iglesia y personal contratado por un período de dos meses, incluyendo:

  • Clero
  • Músicos de las iglesias
  • Administradores 
  • Personal de limpieza 
  • Otros a quienes se les paga por sus servicios durante operaciones normales de la iglesia 

Esta ayuda no puede ser ampliada al clero suplente ni a aquellos que proveen servicios de contratación de forma intermitente. 

Aplicación y determinación de la ayuda
Nuestra ayuda estará basada en las necesidades de flujo de efectivo. Aunque no podremos satisfacer todas las necesidades, haremos lo mejor que podamos. Las parroquias deben contactar a Andrew Walter para compartir su situación. Para esto deben tener la siguiente información disponible para compartir: 

  • Estados financieros actualizados mensuales y del final del 2019, incluyendo el balance de efectivo y proyecciones, disponibilidad de fondos de dotaciones (endowment) que puedan estar disponibles como fondos no restringidos (en efectivo o a corto plazo).
  • Descripción del impacto hasta la fecha de suspensión de operaciones, incluyendo escuelas u otros pagos perdidos por usuarios, así como el porciento de todo el presupuesto que corresponde con los ingresos por usuarios.  
  • Identificación de los pasos para animar métodos alternativos para ofrendar. 
  • Compensación del personal, incluyendo al clero, al personal laico y al personal contratado regularmente o a medio tiempo. 
  • Pasos tomados para reevaluar los gastos del presupuesto para aplazamiento o cancelación. 
  • Identificación de cantidad y en qué tiempo se necesitan los fondos necesarios para cubrir los pagos (de compensación y beneficios de salud). 

Revisión de la aplicación y asignación de fondos
El Comité Financiero, a recomendación del personal diocesano, revisará cada aplicación y aprobará cualquier fondo a las parroquias. 

  • Los fondos serán asignados como un préstamo o donación (grant), lo cual será determinado caso a caso. 
  • Los fondos serán asignados en base a las necesidades más urgentes de las congregaciones de la Diócesis de Washington y serán asignados según sea necesario, no en un pago único por una sola vez. 

Animando la ofrenda en la congregación 
Nos hemos dado cuenta de que muchas personas están preocupadas por sus propias finanzas, lo cual con seguridad afectará su habilidad para ofrendar a la iglesia. Sin embargo, estamos confiados que ellos comprenden el valor de su ministerio en este tiempo de crisis y la necesidad de continuar con su ayuda financiera. Es apropiado que le recuerden, de forma pastoral, de la importancia de su ayuda a la iglesia y a los ministerios. 

En este tiempo de gran incertidumbre, por favor, ten por seguro que el equipo diocesano y los miembros de nuestros cuerpos de liderazgo están trabajando diligentemente para ayudar a todas nuestras parroquias a enfrentar esta crisis con la mejor salud financiera posible. Continuaremos tomando nuevas prioridades con relación a los fondos diocesanos según sea necesario, y les aseguramos que continuaremos en comunicaciòn regular con ustedes, según las circunstancias se vayan desarrollando. Que Dios sea nuestra dirección mientras navegamos juntos estas aguas agitadas. 

Amigos en Cristo,  

Andrew Walter
Canónigo de Colaboración Estratégica

Donald Crane
Jefe de Operaciones y Consejero Principal de la Obispa

 

Seeing With New Eyes (Lent 4, 2020, Washington National Cathedral)

March 22, 2020

But the Lord said to Samuel, ‘Do not look on his appearance or on the height of his stature, for the Lord does not see as mortals see; they look on the outward appearance, but the Lord looks on the heart.’         
1 Samuel 16:1-13

For once you were darkness, but now in the Lord you are light. Live as children of light--for the fruit of the light is found in all that is good and right and true. 
Ephesians 5:8-14

As he walked along, he saw a man blind from birth. His disciples asked him, ‘Rabbi, who sinned, this man or his parents, that he was born blind?’
John 9:1-41

Grace to you and peace from God our Creator, and from the Lord Jesus Christ. I’m honored to speak with you today. My prayer, echoing the words of an old hymn, is that God will grant you wisdom and grant you courage for the living of this hour. And I pray that God will use this time and my imperfect words to speak in your heart what you most need to hear. 

I can’t help but think of a line from J.R.R. Tolkien’s Lord of the Rings, when the reluctant young hero, Frodo, confesses to his mentor Gandalf, “I wish the Ring had never come to me. I wish none of this had happened.” Gandalf replies, “So do all who live to see such times, but that is not for them to decide. All we have to decide is what to do with the time that is given to us.”  

Gandalf goes on, “There are other forces at work in this world, Frodo, besides the will of evil.” That is a statement of faith, there are forces for good at work in the world, even in the darkest hours. I believe that God wants us to trust that, in the midst of this pandemic and the enormous cost of efforts to slow it’s spread, there are also forces for good at work now, and that we are our best selves whenever we join those forces and do our part, tipping the scales ever more slightly toward the good in the midst of trial. 

Jesus often said to his followers, “Do not be afraid.” But it’s important to remember that he wasn’t scolding them for their fear. Fear was an understandable response to the realities they were facing, as it is for us. What he meant then, and what I believe he is saying to us now, is that in the midst of all there is to legitimately fear, the spirit of wisdom and courage and love is also here; that Jesus himself is here. Fear in itself is not a bad thing; we are meant to pay attention to legitimate fears. Yet they need not be the only lens through which we see, and thus the sole driver of our lives. There are other forces at work for good in the world and in us. 

I’m not suggesting that any of this is easy. But we are here for the living through this pandemic whose end we cannot yet see. Lord knows we wish the virus had not come to us. So do all who live through such times. But that decision was not ours to make. What we can do is decide how we will live now. 

And how we live now will be determined in large measure by what we see--what is revealed to us and what we are willing to face, eyes wide open. 

All of the Scripture passages appointed for this, the 4th Sunday in Lent, are about sight and blindness. In the story of the prophet Samuel’s search for the one God has chosen to be Israel’s next king, God warns Samuel not to look as mortals do, on physical appearances alone, but to see, as God sees, with eyes of the heart. In the letter to the Ephesians, we hear an exhortation to live as children of the light--light being essential to vision, both physical and inner light. From the Gospel of John, we read the first part of a very long story describing how Jesus healed a man who was blind from birth while at the same time the religious leaders of Jesus’ day willfully blinded themselves to Jesus’ identity. 

This theme of the relationship between sight and blindness runs through the entire Bible. The prophets of Israel were those who saw what others refused to see and initially paid the price for it, yet in the end were those whose sight others came to trust. In the gospels there are numerous accounts of blind people receiving their sight. I’m reminded of the man Bartimeaus, a blind man who waited on the roadside for Jesus to pass by. “Jesus, have mercy on me!” he cried out. “What do you want me to do for you?” Jesus asked him. “Lord,” Bartimeaus answered, “I want to see.” 

If we are to live with strength and courage in this hour, we need to see with as much clarity God can give us. So consider with me some of the things that affect our vision, and indeed, how many forms of blindness there are. No one knows this better than the physically blind, who must live alongside those of us who are blind in other ways, but with far less awareness than they of what we can and cannot see. There are also gradations of sight and blindness; ophthalmologists can measure our eyes’ varying degrees of blurriness and distortion, some of which can be corrected and others cannot. But the relative health of our faculties isn’t the only thing that affects vision. 

Our emotional state influences what we can and cannot see, as can the level of anxiety within and around us. That’s why it’s helpful to try and bring your anxiety levels down through exercise, meditation, a good laugh.  

Another factor that affects our vision is where we’re standing relative to whatever it is we are looking at. Consider how our perspective on the spread of the coronavirus has changed and continues to change according to geography as the virus spreads. Time is another factor:  What was unimaginable as little as two weeks ago we now see all around us, which humbles us as we consider the future. For we don’t know what the next few weeks will reveal.  

Relationships affect vision. We can’t see one another clearly if we aren’t in right relationship, and as a result we lose the needed perspective that others might have. Finally, there is the factor of character. In the words of C.S. Lewis, “What you see depends a great deal on where you are standing; it also depends on what sort of person you are.”

And sometimes it just happens--our eyes are opened and we see something we didn’t see before. It can be a wonderful experience. Think of people who have known each other for years who one day are given new eyes with which to see, and they fall in love. Or how we can see something breath-takingly beautiful as if for the first time, when in fact, we’ve walked by it a thousand times without seeing. Other times, however, having our eyes opened is jarring, for we now can see a truth that had been hidden or that we had been avoiding, that others around us could see and didn’t tell us. Or the world simply turns upside down and we see everything through the lens of a new reality. It feels that way now. 

So what are to do? 

I think we’re to pay careful attention to what’s happening, with all our faculties in play. 

Years ago, my husband Paul and I traveled to Ireland and spent a week in the company of the poet David Whyte. On the very first day, as our group arrived exhausted from international travel, instead of encouraging us to go to our rooms, David and his team took us all on a long hike. He said to us, “I want you to pay particular attention to what you see right now, for jet lag and physical exhaustion have a way of lowering your natural defenses. You are more vulnerable tonight than you will be tomorrow, and you are more open. Pay attention to what you see tonight, for you won’t have these eyes again.” 

We are not going to see with coronavirus eyes forever. Yes, we are vulnerable and we are open. So I ask, What do you see now that you didn’t see before? What new revelations is God giving you, and me, that we are particularly and uniquely open to receive now?  

Some of the revelations are hard and frightening. But we have no choice but to face them. It may be that some of the harder revelations will be temporary, for this season only and will then pass. But others may last a long time. I suspect that we don’t see well enough now to distinguish between the two, although some may be instantly clear for you. 

Some of the revelations are pure grace, as we’re given eyes to see beauty we’ve missed, experience our own resilience and innate goodness as individuals and community. It turns out that we needn’t be as divided as we’ve allowed ourselves to behave as a nation. We actually can rise above less pressing concerns and foolish polarities when something really big happens. We are capable of greater sacrifice for the common good than we realize. 

And God is able to take even the worst that can happen and bring good from it. That’s a statement of faith. Dare to believe that there are forces for good at work and strive to align with them. 

Let me close with this simple exhortation that you be as gentle with yourselves and one another as you can in these vulnerable days, even as you may need to make difficult decisions in light of what has been thrust upon us all. Don’t rely on your eyes alone--reach out for support and guidance from those you trust and even try listening to those with whom you might otherwise dismiss. Tend to the eyes of your heart--be sure to focus on something of goodness and grace and lasting truth.

Each and every day ask God to open your eyes, so that you might see what you need to see now, in this new reality. Remember that there are forces for good around and within you, within us all. 

May God grant you wisdom, and grant you courage. Never forget it is for this hour that you are here.  


Viendo con Nuevos Ojos (Sermón 4 Cuaresma Año A, Catedral Nacional de Washington)

March 22, 2020

El Señor dijo a Samuel: «No te fijes en su apariencia ni en su elevada estatura, pues yo lo he rechazado. No se trata de lo que el hombre ve; pues el hombre se fija en las apariencias, pero yo me fijo en el corazón.»
1 Samuel 16:1-13

Ustedes antes vivían en la oscuridad, pero ahora, por estar unidos al Señor, viven en la luz. Pórtense como quienes pertenecen a la luz, pues la luz produce toda una cosecha de bondad, rectitud y verdad.
Efesios 5:8-14

Jesús vio a su paso a un hombre que había nacido ciego. Sus discípulos le preguntaron: Maestro, ¿por qué nació ciego este hombre? ¿Por el pecado de sus padres, o por su propio pecado?
Juan 9:1-41

Gracia y paz de Dios, nuestro Creador y del Señor Jesucristo. Me siento honrada de hablar con ustedes hoy. Mi oración, haciendo eco de las palabras de un antiguo himno, es que Dios te otorgue sabiduría y te dé valor para vivir esta hora. Y oro para que Dios use este tiempo y mis palabras imperfectas para hablar en tu corazón lo que más necesitas escuchar.

No puedo evitar pensar en una frase del libro El Señor de los Anillos, de J.R.R. Tolkien, cuando el renuente joven héroe, Frodo, confiesa a su mentor Gandalf: "Desearía que el Anillo nunca hubiera venido a mí. Desearía que nada de esto hubiera sucedido”. Gandalf responde: “También lo hacen todos los que viven para ver esos tiempos, pero eso no les toca a ellos decidir. Todo lo que tenemos que decidir es qué hacer con el tiempo que se nos da.”

Gandalf continúa: "Hay otras fuerzas trabajando en este mundo, Frodo, además de la voluntad del mal". Esa es una declaración de fe, hay fuerzas para el bien accionando en el mundo, incluso en las horas más oscuras. Creo que Dios quiere que confiemos en que, en medio de esta pandemia y el enorme costo de los esfuerzos para frenar su propagación, también hay fuerzas del bien actuando ahora, y que somos lo mejor de nosotros mismos cuando nos unimos a esas fuerzas y cuando hacemos nuestra parte, inclinando la balanza cada vez más hacia el bien en medio de esta prueba.

Muchas veces Jesús les dice a sus seguidores: "No tengan miedo". Pero es importante recordar que no los estaba regañando por su miedo. El miedo fue una respuesta comprensible a las realidades que enfrentaban, como lo es para nosotros. Lo que quiso decir entonces, y lo que creo que nos está diciendo ahora, es que en medio de todo el temor legítimo, el espíritu de sabiduría, valentía y amor también están aquí; que Jesús mismo está aquí. El miedo en sí mismo no es algo malo; estamos destinados a prestar atención a los miedos legítimos. Sin embargo, el miedo no necesita ser el único lente a través del cual vemos, ni lo único que impulsa nuestras vidas. Hay otras fuerzas trabajando para el bien en el mundo y en nosotros.

No estoy sugiriendo que nada de esto sea fácil. Pero estamos aquí para vivir a través de esta pandemia cuyo final aún no podemos ver. Dios sabe que desearíamos que el virus no nos hubiera llegado. También lo hacen todos los que viven en estos tiempos. Pero esa decisión no es nuestra. Lo que podemos hacer es decidir cómo viviremos ahora. Y cómo vivimos ahora estará determinado en gran medida por lo que vemos: lo que se nos revela y lo que estamos dispuestos a enfrentar con los ojos bien abiertos. 

Todos los pasajes de las Escrituras designados para este, el cuarto domingo de Cuaresma, son sobre la vista y la ceguera. En la historia de la búsqueda del profeta Samuel de quien sería el próximo rey de Israel, Dios le advirtió a Samuel que no se viera como los mortales, solo las apariencias físicas, sino que viera como Dios ve, con los ojos del corazón. En la carta a los Efesios, escuchamos una exhortación a vivir como hijos de la luz: la luz es esencial para la visión, tanto física como interna. Del Evangelio de Juan leemos la primera parte de una larga historia que describe cómo Jesús sanó a un hombre que era ciego de nacimiento mientras que al mismo tiempo los líderes religiosos de los días de Jesús se cegaron voluntariamente a la identidad de Jesús.

Este tema de la relación entre la vista y la ceguera recorre toda la Biblia. Los profetas de Israel llegaron a ser quienes vieron lo que otros se negaron a ver e inicialmente pagaron el precio, pero al final fueron reconocidos como personas de confianza. En los evangelios hay numerosas historias de personas ciegas que reciben su vista. Recuerdo a Bartimeo, un ciego que esperaba en el camino a que Jesús pasara. "¡Jesús, ten piedad de mí!" - gritó. "¿Qué quieres que haga por ti?" - Jesús le preguntó. "Señor"- respondió Bartimeo - "quiero ver".

Si queremos vivir con fuerza y ​​valentía en esta hora, necesitamos ver con la mayor claridad que Dios nos puede dar. Así que considera conmigo algunas de las cosas que afectan nuestra visión y, de hecho, cuántas formas de ceguera hay. Nadie lo sabe mejor que los quienes son físicamente ciegos, quienes muchas veces viven junto a aquellos de nosotros que somos ciegos de otras maneras, pero con mucha menos conciencia de lo que podemos y no podemos ver. También hay gradaciones de vista y ceguera. Los oftalmólogos pueden medir los distintos grados de borrosidad y distorsión de nuestros ojos. Algunas veces esto puede corregirse, y otras veces no. Pero la salud relativa de nuestras facultades no es lo único que afecta la visión.

Nuestro estado emocional influye en lo que podemos y no podemos ver, al igual que el nivel de ansiedad en nosotros y alrededor de nosotros. Por eso es útil tratar de bajar los niveles de ansiedad mediante ejercicio, meditación, y una buena carcajada.

Otro factor que afecta nuestra visión es dónde estamos parados en relación con lo que sea que estemos mirando. Considera cómo nuestra perspectiva sobre la propagación del coronavirus ha cambiado y continúa cambiando según la geografía, a medida que el virus se propaga. El tiempo es otro factor: lo que era inimaginable hace tan solo dos semanas, ahora lo vemos a nuestro alrededor. Y con seguridad todavía no sabemos qué revelarán las próximas semanas.

Las relaciones afectan la visión. No podemos vernos claramente si no estamos en una relación correcta y, como resultado, perdemos la perspectiva necesaria que otros podrían tener. Finalmente, está el factor del carácter. En palabras de C.S. Lewis, “lo que ves depende en gran medida de dónde estés parado; y también depende de qué tipo de persona eres".

A veces simplemente sucede que nuestros ojos se abren y vemos algo que no habíamos visto antes. Puede ser una experiencia maravillosa. Piensa en las personas que se conocen desde hace años a las que un día se les dan nuevos ojos para ver y se enamoran. O cómo podemos ver algo impresionantemente hermoso como si fuera la primera vez que la vemos, cuando, de hecho, hemos pasado miles de veces frente a ella sin verlo. Otras veces, sin embargo, tener los ojos abiertos es desagradable, porque podemos ver una verdad que había estado oculta o que habíamos estado evitando, que otros a nuestro alrededor podían ver y no nos dijeron. O el mundo simplemente se da vuelta y vemos todo a través del lente de una nueva realidad. Se siente así ahora.

Entonces, ¿qué hacer?

Creo que debemos prestar mucha atención a lo que está sucediendo, con todas nuestras facultades en juego.

Hace años, mi esposo Paul y yo viajamos a Irlanda y pasamos una semana en compañía del poeta David Whyte. El primer día, cuando nuestro grupo llegó agotado por los viajes internacionales, en lugar de alentarnos a ir a nuestras habitaciones, David y su equipo nos llevaron a todos en una larga caminata. Nos dijo: "Quiero que presten especial atención a lo que ven ahora, porque el desfase de horario y el agotamiento físico tienen una forma de reducir sus defensas naturales. Esta noche eres más vulnerable de lo que serás mañana, y estás más abierto. Presta atención a lo que ves esta noche, porque no volverás a tener estos ojos.”

No vamos a ver con los ojos del coronavirus para siempre. Sí, somos vulnerables y estamos abiertos. Por eso pregunto: ¿Qué ves ahora que no veías antes? ¿Qué nuevas revelaciones te está dando Dios, a las cuales estás particularmente abierto para recibir ahora?

Algunas de las revelaciones son duras y aterradoras. Pero no tenemos más remedio que enfrentarlos. Puede ser que algunas de las revelaciones más difíciles sean temporales, solo para esta temporada y luego pasarán. Pero otros pueden durar mucho tiempo. Sospecho que ahora no vemos lo suficientemente bien como para distinguir entre los dos, aunque algunos pueden ser instantáneamente claros para usted.

Algunas de las revelaciones son pura gracia, ya que nos dan ojos para ver la belleza que hemos extrañado, experimentar nuestra propia capacidad de recuperación y nuestra bondad innata como individuos y comunidad. Resulta que no necesitamos estar tan divididos mientras nos permitimos actuar como una nación. De hecho, podemos superar las preocupaciones menos apremiantes y las polaridades tontas cuando sucede algo realmente grande. Somos capaces de sacrificar más por el bien común de lo que creemos.

Y Dios puede tomar incluso lo peor que puede suceder y sacar el bien de ello. Esa es una declaración de fe. Atrévete a creer que hay fuerzas actuando para el bien y esfuérzate por alinearte con ellas.

Permítanme concluir con esta simple exhortación de que sean tan gentiles con ustedes mismos y con los demás como puedan en estos días vulnerables, incluso si necesitan tomar decisiones difíciles a la luz de lo que nos ha sido impuesto a todos. No confíen solo en sus ojos: busquen el apoyo y la orientación de aquellos en los que confían, e incluso intenten escuchar a aquellos que normalmente no tomarían en cuenta. Atiendan a los ojos de sus corazones: asegúrense de enfocarse en algo de bondad, gracia y verdad duradera.

Cada día pídele a Dios que abra tus ojos, para que puedas ver lo que necesitas ver ahora, en esta nueva realidad. Recuerda que hay fuerzas para el bien a tu alrededor y dentro de usted, dentro de todos nosotros.

Que Dios te conceda sabiduría y te dé valor. Nunca olvides que es por esta hora que estás aquí.

 

Wandering the COVID-19 Wilderness

March 19, 2020

"I have led you forty years in the wilderness; your clothes have not worn out on you, and your sandal has not worn out on your foot.”
Deuteronomy 29:5

Halfway through the Christain observance of Lent, we join the world in the wilderness of COVID-19. “I hadn’t planned on giving this much up for Lent,” someone wryly posted on social media. None of us had, and the losses, both large and small, continue to mount. 

And though we know that Lent ends on Easter Sunday, we have no idea when we’ll be able to leave this COVID-19 wilderness. 

The not-knowing is precisely what makes this a real-life wilderness experience. 

These are times when we can experience God in ways that sustain our hope and give us courage to persevere and grow. For most of us, this isn’t the first wilderness we’ve experienced, nor it will be the last. We know that a wilderness experience changes us, for good or ill. How we are changed is determined, in large measure, by our response to circumstances beyond our control. 

Jesus’ wilderness time harkens back to the 40 years that the ancient Isrealites spent in the wilderness after their escape from slavery. The biblical books of Exodus and Numbers tell their wilderness stories, so wonderfully human and spiritually powerful.

They underscore several wilderness lessons for us all to learn and spiritual tasks to master. 

The first wilderness task is acceptance. No matter how we got here, we’re all in the wilderness now and there’s nothing to be gained by complaint or blame. We’re bound to experience a wide range of emotions in response to this new reality, sometimes in a single day. Allowing ourselves to feel that emotional range is part of what acceptance requires, while recognizing that not every emotion needs to be acted upon or taken as the sole interpreter of reality. The sooner we accept our new reality and make our home here, the better off we’ll be. 

A second wilderness task is to focus on daily sustenance, distinguishing between wants and needs. God provided wilderness food for the ancient Israelites in the form of manna, a simple substance that fell from the sky each night. It wasn’t fancy fare, but it sustained them. Nor could they hoard manna, for whenever they tried, the food would rot. Likewise for us, simple meals and simple pleasures are what will sustain us as we must let go of so many hoped-for events and celebrations. Nor can we plan very far ahead with any certainty. Focusing on the gifts and tasks of each day helps us experience God’s grace through small things that we might otherwise miss. 

A third wilderness task here is learning to share the responsibilities of caring for the wider community. God originally called Moses to lead the people from slavery in Egypt through the wilderness toward their land of promise. But the burden was too much for one person to bear, and Moses cried out to God for help. God instructed Moses to gather 70 others in one place, and God then took some of the spirit of leadership entrusted to Moses and gave it to the 70. For those of us who have resources, energy, and gifts to share, now is the time for us to step into the circle of leadership and provide whatever help we can. 

A fourth and most important wilderness task that I’ll mention here is learning to trust that God is present. While stripped of so much, we can experience a depth of spiritual connection to God utterly unique to the wilderness. As we allow ourselves to be vulnerable and completely honest in our prayers, our relationship with God in Christ becomes more real, a source of daily guidance and abiding love. I personally love the fact that the people of Israel felt completely free to complain and rail against God. “Can God really spread a table in the wilderness?” they demanded to know. (Psalm 78:19) As it turned out, God could and still can. It may not be the table we had hoped for, but it will be enough. 

More than once, biblical writers describe the ancient Israelites as people who wandered in the wilderness. So if you feel as if you’re wandering these days, rest assured that you’re not alone. We’re all walking more by faith than by sight now. But just because we’re wandering, doesn’t mean we are lost, for we are always walking in God’s sight. Keep following the light that shines in darkness and trusting in the One who promises us to be with us always. We’ll get through this wilderness together.  

Vagando en el desierto del COVID-19

March 19, 2020

"Durante cuarenta años yo los he guiado por el desierto, y en ese tiempo no se les ha gastado la ropa ni el calzado."
Deuteronomio 29:5 DHH

A mitad de la observancia cristiana de la Cuaresma, nos unimos al mundo en el desierto del COVID-19. "No había planeado renunciar a esto por la Cuaresma", publicó alguien con ironía en las redes sociales. Ninguno de nosotros lo había hecho, y las pérdidas, tanto grandes como pequeñas, continúan aumentando. Y aunque sabemos que la Cuaresma termina el domingo de Pascua, no tenemos idea de cuándo podremos abandonar este desierto del COVID-19.

El "no saber"  es precisamente lo que hace de esta una experiencia en el desierto en la vida real.

Estos son tiempos en los que podemos experimentar a Dios de maneras que sostienen nuestra esperanza y nos dan valor para perseverar y crecer. Para la mayoría de nosotros, este no es el primer desierto que hemos experimentado, ni será el último. Sabemos que una experiencia en el desierto nos cambia, para bien o para mal. La forma en que somos cambiados está determinada, en gran medida, por nuestra respuesta a circunstancias más allá de nuestro control.

El tiempo de Jesús en el desierto es similar a los 40 años en que los antiguos Isrealistas pasaron en el desierto después de escapar de la esclavitud. Los libros bíblicos de Éxodo y Números cuentan sus historias en el desierto, tan maravillosamente humanas y espiritualmente poderosas. Subrayan varias lecciones en el desierto para que todos aprendamos y tareas espirituales que dominar.

La primera tarea en el desierto es la aceptación. No importa cómo llegamos aquí, estamos todos en el desierto ahora y no hay nada que ganar con quejas o culpas. Estamos obligados a experimentar una amplia gama de emociones en respuesta a esta nueva realidad, a veces en un solo día. Debemos permitirnos sentir que el rango emocional es parte de lo que requiere para la aceptación, al tiempo que reconocemos que no todas las emociones deben ser actuadas o tomadas como el único intérprete de la realidad. Cuanto antes aceptemos nuestra nueva realidad y establezcamos nuestro hogar aquí, estaremos mejor.

Una segunda tarea en el desierto es enfocarse en el sustento diario, distinguiendo entre deseos y necesidades. Dios proveyó comida del desierto para los antiguos Israelitas en forma de maná, una sustancia simple que caía del cielo cada noche. No era una comida elegante, pero los sostenía. Tampoco podían acumular maná, porque cada vez que lo intentaban, la comida se pudría. Del mismo modo para nosotros, las comidas simples y los placeres simples son lo que nos sostendrán, ya que debemos dejar a un lado tantos eventos y celebraciones esperados. Tampoco podemos planificar con mucha anticipación con certeza. Enfocarse en los dones y las tareas de cada día nos ayuda a experimentar la gracia de Dios a través de pequeñas cosas que de otro modo podríamos perder.

Una tercera tarea en en desierto es aprender a compartir las responsabilidades de cuidar a la comunidad en general. Originalmente, Dios llamó a Moisés para llevar a la gente de la esclavitud en Egipto a través del desierto hacia su tierra prometida. Pero la carga era demasiada para una sola persona y Moisés clamó a Dios por ayuda. Dios le ordenó a Moisés que reuniera a otros 70 en un solo lugar, y luego tomó algo del espíritu de liderazgo confiado a Moisés y se lo dio a los 70. Para aquellos de nosotros que tenemos recursos, energía y dones para compartir, ahora es el momento para que podamos entrar en el círculo de liderazgo y proporcionar cualquier ayuda que podamos.

Una cuarta y más importante tarea en el desierto que mencionaré aquí es aprender a confiar en que Dios está presente. Si bien nos despojamos de tanto, podemos experimentar una profunda conexión espiritual con Dios completamente única en el desierto. A medida que nos permitimos ser vulnerables y completamente honestos en nuestras oraciones, nuestra relación con Dios en Cristo se vuelve más real, una fuente de guía diaria y amor permanente. Personalmente me encanta el hecho de que el pueblo de Israel se sintió completamente libre para quejarse y protestar contra Dios. "¿Acaso puede Dios servir una mesa en el desierto?" Exigieron saber. (Salmo 78:19) Al final resultó que Dios podía y aún puede. Puede que no sea la mesa que esperábamos, pero será suficiente.

Más de una vez, los escritores bíblicos describen a los antiguos Israelitas como personas que deambulaban por el desierto. Entonces, si sientes que estás vagando en estos días, ten la seguridad de que no estás solo. Todos caminamos más por fe que por vista ahora. Pero solo porque estemos deambulando, no significa que estemos perdidos, porque siempre estamos caminando a la vista de Dios. Sigue siguiendo la luz que brilla en la oscuridad y confiando en Aquel que nos promete estar siempre con nosotros. Atravesaremos este desierto juntos.

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